Alguien sostiene que cuando uno se pierde el respeto a sí mismo, el paso siguiente es perdérselo a los demás. Yo discrepo: cuando descubrimos que alguien se ha perdido el respeto a sí mismo, es señal de que antes se lo ha perdido a los demás, a la verdad y a la moral. Nunca es de un día para otro. A veces, incluso, no es evidente hasta que un día un descubrimiento, un engaño, una mentira lleva a otros y el personaje que él mismo y otros habían convertido en un referente moral es, simplemente, un fraude monumental. Incluso para los más cercanos.
En ocasiones, sin embargo, habría que poner en cuarentena ese "descubrimiento" inesperado. Cuando alguien llega al poder y hace bandera del enfrentamiento y la confrontación, divide entre "nosotros y ellos", "amigos y enemigos", rescata el guerracivilismo y los bandos, gobierna para unos pocos, es amigo y defiende a dictadores sin escrúpulos que encarcelan a sus enemigos y los torturan, que pierden elecciones y siguen en el poder, habría que sospechar al menos un poquito. Cuando esa misma persona vive a cuerpo de rey, se compra casas de lujo, paga hipotecas de medio millón de euros a tocateja y repite que "ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho", habría que sospechar mucho más.
Perderse el respeto a sí mismo y perdérselo a los ciudadanos, a sus compañeros de partido, a quienes le convierten en el referente de honestidad destruye aún más la débil confianza de todos en la polìtica, destroza el tejido social y hace crecer la toxicidad. Pero no es sólo Zapatero. Es que Pedro Sánchez y el partido que le aguanta todo y sus socios de gobierno, con las manos sucias y los dedos en la nariz, se han perdido también el respeto después de todos los escándalos, los que conocemos y los que están por salir. Es que sus socios de legislatura, especialmente el PNV y Junts, se han perdido el respeto y amenazan con romper, pero poquito, no vaya a ser que haya elecciones y pierdan lo que han conseguido mediante el chantaje porque ganarse no se han ganado nada. Decía Malcom X que "la única cosa que respeta el poder es el poder". Quienes nos gobiernan se han perdido el respeto hace mucho, han perdido el respeto a sus militantes, a los ciudadanos y sólo sobreviven con el poder y con la mentira.
También nosotros nos perdemos el respeto muchas veces insultando en vez de hablar y escuchar, saltándonos las normas de convivencia, exigiendo derechos e incumpliendo deberes, con la mala educación o la grosería, especialmente cuando formamos parte del grupo. Cada vez tenemos más títulos pero menos educación y menos respeto. A los demás y a nosotros mismos. Y eso no es culpa de los que nos gobiernan y deberían dar ejemplo. Al menos, no toda. El Papa León XIV acaba de publicar una magnífica encíclica, un documento que seguramente no podría firmar ninguno de los lideres mundiales que nos gobiernan, en la que, además de plantear un debate de altura sobre el uso, el abuso y el control de la Inteligencia Artificial, reclama, otra vez, el respeto por el bien común y la dignidad de la persona como un don inalienable que no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada; la verdad como bien esencial para la salud democrática y la rebelión frente a la polìtica sin moral que monopoliza el conflicto y no el acuerdo y la negociación. Hay que recuperar el respeto a la dignidad de las personas y salvaguardar la polìtica, la economía y la vida de quienes las llevan al fango.
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