No soy psiquiatra, pero como novelista me he documentado con un amigo que lo es, sobre el trastorno de identidad disociativo, y esta semana, tras la audiencia del Papa -y el registro de la sede del PSOE bajo sospecha de organización de trama criminal- apareció Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, e informó que los asuntos del PSOE no afectaban al Gobierno que preside. Hacía tiempo que no contemplaba una prueba tan evidente de TDI (Trastorno de Identidad Disociativo). Es decir que, cuando sale de la calle Ferraz, y el coche oficial le encamina hacia Moncloa, deja de ser secretario general del PSOE y sólo responde como presidente del Gobierno. O, al contrario, cuando entra en la sede del PSOE, o asiste a un mitin, en compañía de Zapatero, Pedro I, El Mentiroso, deja de ser presidente del Gobierno y, cuando personas de confianza del PSOE están en la cárcel, o son acusadas de tramar contra el Estado, no le afecta, porque es presidente del Gobierno.
¿Y, en el caso de Ábalos, que fue persona de confianza en el PSOE y ministro? Pues depende, y a lo mejor también el pobre hombre estaba enfermo y el ministro no se enteraba de quién era Santos Cerdán, y el que sabía quién era Santos Cerdán no actuaba de ministro. De esta manera, la cacicada fraudulenta de la ayuda a Plus Ultra, y el correspondiente cobro de comisiones, fue aprobada por el Consejo de Ministros, pero nadie de los que se sentaban en ese Consejo, y eran del PSOE, sabían la manipulación que habían llevado a cabo un miembros relevantes del PSOE. Es decir, que el TDI (Trastorno de Identidad Asociativo) a lo peor es contagioso, y se transmite por contacto físico, lo que supondría una revolución en la Medicina, ya que nunca se había comprobado esta posibilidad. También cabe la posibilidad de que Pedro Sánchez siga siendo fiel a su tradicional papel de Pedro I, El Mentiroso, con lo que me alegraría, porque no le deseo a nadie ninguna enfermedad. En ese caso, estaríamos ante una de las personalidades, más cínica, más embustera, más desvergonzada y caradura de la Política Española, desde la Transición.
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