Trump sigue siendo Trump después del atentado, afortunadamente fallido. No son formas de cancelar al matachín de la Casa Blanca. Nada de balas. Mejor las instituciones, la voluntad del pueblo soberano o una aplicación motivada de la enmienda 25 de la Constitución.
El apunte es pertinente donde el atentado a mandatarios políticos es casi una institución. La historia lo avala. De los ocho presidentes muertos en el ejercicio del cargo, cuatro fueron asesinados. Conviene contemplarlo en los análisis de la política internacional ahora que el magnicidio acaba de entrar en las quinielas como una forma de cancelar al presidente número 47, en cuya biografía ya constan tres intentos.
Más difícil de encajar en el análisis es la presunta motivación religiosa del atentado del pasado fin de semana, durante una gala de confraternización con periodistas acreditados en Washington. Dice Trump que el autor de los disparos, el tal Cole Allen actuó movido por el odio a los cristianos. Aunque aquel se reclama en esa fe lo desmiente a diario en su desempeño al frente de la nación más poderosa del Occidente humanista. Trump se considera un cristiano no adscrito a ninguna de sus diferentes corrientes confesionales. Pero del Cristo justo, igualitario, compasivo, pacifista y enemigo declarado de los hipócritas no se le ha pegado absolutamente nada.
Cualquier parecido del Sermón de la Montaña (declaración de principios de Jesús de Nazaret) con el ideario de Trump (la guerra como negocio, una actividad lucrativa más de su vocación emprendedora) sería pura coincidencia. Véanse los reproches públicos que, de forma más o menos explícita, viene recibiendo el presidente de EE.UU. por parte del Papa, León XIV.
Más preocupantes parecen las inesperadas coincidencias del personaje con el todavía Presidente del Gobierno del Reino de España, Pedro Sánchez. Aquél centra balones al pie que éste remata a puerta vacía. Y es que, mire usted por donde, el "no a la guerra" de uno hilvanado a las amenazas del otro a castigar de alguna forma a España se ha convertido en un inesperado reanimador del sanchismo en horas bajas.
Solo nos faltaba que el exhibicionismo de la política exterior del PSOE -no del Estado- contra Trump y Netanyahu, sin concertar previamente con sus socios de la UE, acabase elevando a nivel nacional lo que en principio fue formulado por Sánchez el pasado fin de semana a nivel extremeño: "El PSOE ha vuelto".
Pero en eso están los teólogos de La Moncloa, convencidos de que el denostado Trump, también después del atentado, se ha convertido en un suministrador de oxígeno para Sánchez, que acaba de hacerse el encontradizo al declarar: "La violencia no es la solución".
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