Pedro Sánchez ha perdido el Norte

Fernando Jáuregui Colaborador de Opinión

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Como ciudadano, como español, como periodista, estoy alarmado. Mi Gobierno ha perdido el control de las fuerzas del orden público, de los informes de los servicios secretos (tampoco, por cierto, recibimos ya gran cosa ni del Mosad ni de la CIA) y hasta de los informes sobre periodistas que se hacen en Interior.

Ha perdido el control de su propio partido y más aún de sus aliados, de la calle, del relato de lo que ocurre. Mi Gobierno, con su líder a la cabeza, ha perdido el norte, y cada aparición presidencial en las radios y en las teles confirma el diagnóstico.

Desclasificar unos informes secretos que van a desmentir tu propia versión, además de lesionar la seguridad del Estado, es el último, o ya casi el penúltimo, dislate. Siempre negaré que Pedro Sánchez no haya hecho nada bueno por el país en los ocho años y medio que lleva en el poder: ha habido aciertos. Pero la degradación de la situación, los inmensos errores que veo y escucho procedentes de La Moncloa y del propio Consejo de Ministros, hacen que me reitere en esta sensación, que compruebo que mucha gente comparte conmigo: hay una pérdida de la brújula, imantada por la ineptitud, las corruptelas, las ambiciones y la falta de ese mínimo patriotismo necesario para que el país funcione. Todo se cifra ahora en que los votos de los 'nietos', el funcionariado o las dádivas 'a lo Trump' salven al Gobierno de una cantada catástrofe electoral.

Esto no es un editorial, ni un desahogo, sino una radiografía. Incluso la selección de los escenarios para las entrevistas mediáticas del presidente evidencia que la cerrazón domina en el universo crecientemente despistado de los asesores monclovitas. Sánchez se ha convertido en una víctima de su entorno, comenzando por su propio Gobierno, tan dividido que hace las delicias de los medios opositores, y continuando con la legión de sus colaboradores, más o menos cercanos, que últimamente no dan una. Parece el ejército de Pancho Villa, la verdad.

Y así, Sánchez y sus ministros, sin saber dónde está el Norte (sí, allí donde han dado el tercer grado a Henri Parot, nada menos), o el Sur (en Ceuta sigue el caos), o el Este (la ministra de Ciencia no ejerce como tal, para sí hacerlo como candidata autonómica), o el Oeste (escenario de las transgresiones del 'hermanísimo), se muestran incapaces de reaccionar ante casi todo. Desde el devastador 'informe PISA' (¿usted sabe cómo se llama la ministra de Educación? Pues eso) hasta las trapisondas judiciales de un Zapatero aliado al que el presidente dice seguir apoyando, aunque ahora lo haga con menos entusiasmo.

Las comparecencias gubernamentales en los plenos de control parlamentario, donde ya se habla de 'perros sin amo' para jolgorio de titulares periodísticos, derivan en auténticos disparates casi surrealistas, impulsados, por otro lado, por una oposición que no sabe imprimir un mínimo de seriedad a una situación que, a mi entender, es muy grave. Hay que insistir en la necesidad de resetear la política española, sumida en la inmoralidad y en la confusión más absolutas, algo a lo que, por cierto, contribuyen no poco las proclamas triunfalistas y nada autocríticas del presidente cada vez que visita un plató amigo de tv.

Ya digo: como ciudadano, como español, como periodista, como votante y como contribuyente, alarmado por todos estos conceptos, quiero unir mi voz humilde a otras, más sonoras y relevantes, algunas muy recientemente surgidas, para pedir cuanto antes un cambio de rumbo. Porque el que estamos siguiendo me parece, y no pretendo en absoluto hacer alarmismo (véase el desarrollo de la ceremonia del inicio del año judicial, por ejemplo), muy peligroso.


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