Hizo fortuna en las últimas horas la frase de Pedro Sánchez, fruto de su controversia parlamentaria con Santiago Abascal, que llamó 'perro' hace no mucho tiempo al presidente: "Seré un perro, pero no como usted, porque yo no tengo amo", vino a lanzarle a la cara al líder de Vox.
La dialéctica parlamentaria sigue empobreciéndose, para regodeo de titulares y de cenáculos y mentideros, mientras pasan casi inadvertidas en el país cosas muy serias que afectan a la moral pública y al propio concepto de democracia.
A mí, que puedo hablar con libertad del tema porque no aparezco en lista alguna, me parece, por ejemplo, un atentado a mi idea de democracia que desde el Ministerio de Interior se hagan listas de 'buenos' y 'malos' periodistas, sin que se me alcance el propósito de hacerlo, y encima que se haga con mis impuestos. Quiero decir alto y claro que la mayoría de los comunicadores de este país son, somos, perros, quizá, pero tampoco tenemos amo; en todo caso, tenemos, y es lógico, muchos menos amarres y condicionantes que este presidente que presume de libre y de volar sin que nadie le condicione el vuelo.
Aunque a veces no sé, la verdad. Estuve viendo la entrevista que en la televisión púbica le hicieron este miércoles a Pedro Sánchez dos periodistas a los que, claro, por su propio trabajo y donde trabajan, se les achacan muchas cosas. Yo, sin embargo, defiendo que ellos, también ellos, puedan preguntar al jefe del Gobierno, ahora más locuaz de lo habitual, sobre los muchísimos temas candentes que están sobre el tablero.
Pero también me gustaría que el presidente del Gobierno de todos se prodigase más en otros medios y con otros periodistas que quizá -en el propio 'informe Marlaska' sobre tertulianos puede encontrar muchos ejemplos-se muestren más críticos con la acción gubernamental. Como, por otro lado, me gustaría que el líder de la oposición se dejase ver con mayor frecuencia en la tele oficial, por ejemplo.
Eso, poder preguntar (y hasta repreguntar) todos, en todas partes y de todo, se llama democracia y ahí es donde podremos demostrar si tenemos o no amos estos 'perros' mediáticos. Pero es cierto, lo admito: tenemos que redefinir lo que es el periodismo en este país e incrementar el volumen crítico de nuestros análisis y preguntas, así como la intensidad de nuestras informaciones. Una vez más, tengo que rendir homenaje a esos compañeros magníficos que hacen investigación en algunos medios y han certificado lo que ya sabíamos: que noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique.
Ojalá la excepción fuese la regla y algunos amos, esos que quieren que noticia sea todo aquello que alguien sí quiere que se publique, se queden para siempre sin perros. De Sánchez y sus presuntos amos, que es lo que me ha dado el pretexto para titular este comentario, mejor no decir nada, excepto que yo nunca llamaría 'perro' a mi presidente y que, por otra parte, las proclamas que él hace hay que asentarlas en hechos. Y este miércoles, tanto en el Congreso como en su entrevista televisiva, de hechos nuevos, nada, señor presidente. Quizá él sabe que aburrirnos es la mejor manera de echarnos a los perros, mientras él se va de rositas.
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