Un ingeniero con mala suerte

Un ingeniero con mala suerte

Don Luis Pedro Marco de la Peña, presidente de ADIF, y ADIF Alta Velocidad, declaró en el Senado que la rotura del raíl, incluso completa, es algo que no resulta extraordinario, pero él no cree probado que la tragedia de Adamuz fuera consecuencia de una rotura.

Esta afirmación no procede de un opinador espontáneo, sino de un ingeniero de Caminos, con amplia experiencia profesional.

No estamos, ante uno de esos casos, que tanto se repiten en el los altos cargos designados por el PSOE, donde alguien se apunta a las juventudes socialistas de su pueblo, sale concejal, luego diputado autonómico, llega al Congreso y, un mal día, se encuentra presidiendo el consejo de administración de una gran empresa pública. Muy al contrario. Ha trabajado en importantes empresas privadas hasta que fue seducido por Patxi López para formar parte del gobierno del País Vasco.

Más aún, estoy convencido de que su sueldo actual (unos 180.000 euros anuales) no será superior a los emolumentos de sus empleos anteriores. Sin embargo, no tiene buena suerte, y cuando era el responsable de -por decirlo en términos coloquiales- el Adif del País Vasco, tuvo problemas presupuestarios con una obra del metro de San Sebastián, que en dos kilómetros se calculó que iba a suponer una inversión de 49 millones de euros, y ya pasan de 90, calculando -los más pesimistas- que el sobre coste se aproximará al 160%. Mala suerte, en los dos kilómetros que separan Miraconcha de Easo, y en el que también intervino su amigo Ignacio Arriola.

Tanto Ignacio Arriola como Luis Pedro Marco de la Peña, dejaron de tener puestos ejecutivos en El País Vasco, y el primero fue nombrado presidente de Adif y, el segundo, se quedó en la calle. Pero el nuevo presidente de Adif, señor Marco de la Peña, nombró a Ignacio Arriola consejero de Renfe Mercancías, dando pruebas de su sentido de la amistad. Si la suerte no le acompañó en el metro de San Sebastián, tampoco lo hizo en la tragedia de Adamuz, la cual -según declara el ingeniero- no está probado que fuera por la rotura del raíl. Aquí entramos ya en el terreno esotérico, diablos, brujas y designios misteriosos, con la mala suerte, añadida, de docenas de técnicos afirmando todo lo contrario.


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