El todavía Presidente del Gobierno y secretario general del PSOE marcha como el trillo entre las piedras. "Contra viento y marea", dice su compañero, el gran Pepe Borrell.
Este domingo Sánchez agotó el repertorio del "contraataque" en nombre del "orgullo progresista": "oposición marrullera" "campaña orquestada", "conjura antidemocrática". Según él, los rayos y truenos que le atormentan en vísperas del verano solo son "infundios".
No está bien traído porque en realidad se trata de soportes documentales de relatos fácticos muy bien expuestos y perfectamente secuenciados. No nacen de la imaginación de un escritor sino de textos policiales y judiciales. Es una relación de hechos producto del trabajo indagatorio de instituciones del Estado llamadas a cumplir y hacer cumplir el principio de legalidad. Incluidos los Cuerpos de Seguridad que dependen orgánicamente del Poder Ejecutivo, aunque funcionen como policías judiciales cuando son requeridos para ello.
¿Alcanza a estos brazos del Estado la calificación de "marrulleros", dedicada por Pedro Sánchez a quienes, según él, se han embarcado en una conjura para acabar con un "Gobierno progresista" por métodos antidemocráticos?
Cuando se cumple el octavo aniversario de su salto a la fama viene muy a pelo recordar que esos brazos del Estado (Udef, UCO y tribunales de Justicia), incluso los de la sociedad (Prensa libre en un régimen de opinión pública), son los mismos que alimentaron el discurso anticorrupción del entonces aspirante a la Moncloa, cuando ganó la moción de censura presentada contra el entonces presidente, Mariano Rajoy.
Toda argumentación a favor o en contra debería cancelarse en favor de un simple recurso al sentido común. Póngase en el platillo de una balanza los discursos contra la inmoralidad que hace ocho años pronunciaron en sede parlamentaria el aspirante Sánchez y su defensor Ábalos. Y pónganse en el otro platillo el actual discurso numantino de Sánchez y el de su más ruidoso defensor, el ministro Óscar Puente.
A partir de ahí, apuesten. Personalmente, me quedo con las posiciones de Sánchez contra la corrupción en tal fecha como el lunes hizo ocho años. Entonces me parecieron encajables en el catecismo político, ético y estético del PSOE. Pero son ustedes libres de elegir entre los dos Sánchez que hoy por hoy aparecen reñidos entre sí, ya con los papeles cambiados respecto a sus adversarios políticos de la derecha.
Para completar el paralelismo entre aquella y esta situación solo falta que se materialice en un auto judicial la sospecha de que el PSOE se habría beneficiado "a título lucrativo" de las "mordidas" gestionadas a la sombra de la organización. Al tiempo.
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