La corrupción ocho años después

La corrupción ocho años después

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En La Moncloa no se han atrevido a celebrar el aniversario pero hace ahora ocho años utilizando como palanca parlamentaria una moción de censura urdida por algunos personajes hoy en segundo plano (Pablo Iglesias, Andoni Ortuzar), Pedro Sánchez alcanzó a desalojar a Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno.

Hoy sabemos qué aquél giro pretextado como procedimiento para acabar con la corrupción cambió el rumbo de la vida política española pero no acabó con la corrupción. Cambió de bando.

Basta con echar una ojeada a la nutrida agenda judicial de estos días en el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional o en los tribunales ordinarios para comprobar que los casos de corrupción -presuntos hasta conocer sentencias firmes- se amontonan hasta solaparse unos con otros. José Luis Ábalos, el diputado socialista al que Pedro Sánchez encomendó la condena parlamentaria de los casos de corrupción, intentó avergonzar a Mariano Rajoy señalándole como responsable del deterioro político del momento. Ocho años después Ábalos, a quien Sánchez premió nombrándole ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, está preso pendiente de sentencia acusado de diversos delitos de corrupción y pertenencia a una organización criminal. Se entiende que no tenga el cuerpo para celebraciones porque la Fiscalía Anticorrupción le pide 24 años de cárcel.

Visto el horizonte judicial -el familiar y el del partido- que configura la actualidad, tampoco Sánchez debe estar para celebraciones. Aunque trata de ocultar la situación demorando hasta finales de junio dar explicaciones sobre los dos últimos escándalos -la imputación del ex presidente Rodríguez Zapatero y el registro de la sede central del partido en Madrid- los hechos son tenaces y las revelaciones que se desprenden de los sumarios que estamos conociendo son demoledoras. Hace ocho años llegaron rechazando la corrupción y reclamando honradez. Hoy sabemos que algunos se han convertido en todo aquello que criticaban. Se comprende que no se hayan atrevido a celebrar el aniversario.


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