Basta de política-ficción

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Recorrer el itinerario que el Partido Popular cree preciso para lograr que el PNV y Junts apoyen una moción de censura, siquiera instrumental, contra el Gobierno de Pedro Sánchez, me parece una muestra (más) de la política ficción que constantemente practican nuestros responsables en cualquiera de los segmentos partidarios de que se trate.

Seguir afirmando que un acuerdo, el que ya está en marcha en varias autonomías, entre el PP y VOX es un 'pacto de centro derecha', como dicen sus apologetas, se mantiene en esa misma ficción. Lo mismo, en el lado opuesto, que asegurar que vas a agotar la Legislatura más pestilente de la Historia y que, encima, te presentarás después a las elecciones y las ganarás.

Todo, todo, quizá en el conjunto de nuestra existencia, como quería Calderón en su monólogo de Segismundo en 'la vida es sueño', pero muy especialmente en la política española, es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción. Lo que ocurre es que los protagonistas de ese sueño, nuestros políticos, saben perfectamente lo vano de los propósitos que nos trasladan a los ciudadanos, pretendiendo que quienes soñemos despiertos seamos nosotros. ¿Una moción de censura liderada por el PP y apoyada por los nacionalistas vascos y los separatistas catalanes? ¿De veras ha podido alguna vez alentar Alberto Núñez Feijoo la idea de que ello sería posible? ¿Cree él en un buen entendimiento con Vox, aunque el 'pacto de las derechas' quizá sea la única salida a medio plazo que queda para un relevo en la política nacional?¿Alguien nos convencerá de que PP y Vox son productos intercambiables, complementarios?

Y, en el otro lado, ¿de veras no ofende al sentido común pensar que esta Legislatura insostenible puede perdurar aún doce o trece meses más, y encima prolongarse con el mismo protagonista en La Moncloa durante otros cuatro años?

Confieso que los últimos ocho años, con Pedro Sánchez al frente del Gobierno, me han convencido de que lo anormal es lo normal, lo imposible perfectamente posible y el sentido común algo que para nada afecta al común de nuestros políticos. Así que puede que lo que hoy parece imposible mañana, forzando mucho la máquina -y aquí se fuerza al máximo cada día--, sea viable y hasta un hecho consumado. Y que, encima, una parte de la ciudadanía se crea que es lo que más le conviene. Y entonces nos habremos instalado de manera definitiva en la quimera.

Pero no me dirá usted que todo esto no contraviene la lógica. Junts, y su líder Puigdemont, siguen siendo quienes controlan la gobernación del país, un país al que, en el fondo, no les importaría destruir. Y hay más: el Gobierno del Reino de España está sostenido por fuerzas de carácter netamente republicano. La derecha moderada es abrazada por el oso del extremismo. Los que se taparon el rostro para no ver la corrupción se proclaman los campeones de la decencia. Los que hablan de transparencia lideran la opacidad.

Me parece que una vez más tenemos que proclamar que es preciso un giro profundo de timón. Que las cosas se presenten de una vez como la realidad las dicta. El Partido Popular hace tiempo que debería, en mi opinión -que no tiene por qué ser la mejor-haber presentado en solitario una moción de censura contra el Gobierno, que bien la merece, aunque fracasase en el intento: al menos, a todos nos quedarían claras algunas cosas relacionadas con las contradicciones y el cinismo que dominan la vida política nacional. Y, volviendo al otro extremo de la alfombra, hace tiempo que por ejemplo Sumar deberían haber abandonado el Gobierno al que tanto critica, de la misma manera que PNV y Junts deberían haber cesado en su apoyo indirecto a un Gobierno al que, vuelta a la política ficción, insisten en decir que ya no respaldan.

Decía Churchill que un país no puede vivir mucho tiempo sostenido por extraños compañeros de cama políticos. Aplíquense el cuento quienes tengan que aplicárselo y empiecen a obrar en consecuencia: terminemos con estas películas de política-ficción, tan aburridas en el fondo. Los espectadores, muchos espectadores, ya no nos las creemos.


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