Se cumplen ocho años desde la llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno, un periodo en el que los grandes indicadores macroeconómicos han convivido con una percepción creciente de deterioro económico entre amplias capas de la población.
El Ejecutivo suele destacar el crecimiento del PIB, la creación de empleo y La Resistencia de la economía española frente a crisis tan severas como la pandemia o la inflación derivada de la guerra de Ucrania.
Sin embargo, una lectura centrada en la economía cotidiana de los ciudadanos ofrece una visión mucho menos favorable. Uno de los aspectos más controvertidos ha sido el fuerte aumento de la deuda pública, nada menos que 1.500 millones de euros a la semana. A ello se suma la preocupación por la sostenibilidad del sistema de pensiones. El último informe de la AIREF ha advertido de los desafíos que afronta el modelo actual en un contexto de envejecimiento demográfico y aumento del gasto.
En el mercado laboral, las cifras oficiales de empleo han mejorado, pero parte de esa mejora se sostiene por el aumento del empleo público y por una clara fragmentación del trabajo. Ahora mismo se firman 26 contratos por cada empleo creado. En mayo, el 59% de los nuevos empleos han sido a tiempo parcial o fijos discontinuos por lo que la calidad real del empleo es muy cuestionable. España continúa siendo, junto a Finlandia, El País de la Unión Europea con mayor tasa de paro y el que cuenta con más desempleo juvenil. Tampoco los salarios ofrecen un balance especialmente positivo. Aunque las retribuciones nominales han aumentado, la inflación acumulada de los últimos años ha erosionado la capacidad de compra de muchas familias.
El resultado es que numerosos hogares perciben que trabajan más para llegar a menos. Un reciente estudio del Instituto Juan de Mariana sostiene que el 98% de las familias ha perdido poder adquisitivo y que la mitad no llega a fin de mes durante este periodo de gobierno de Sánchez. Ahí están los datos de pobreza y las dificultades para acceder a una vivienda, ya sea de alquiler o de compra. Con dinero del Estado no se ha levantado ni una casa, cuando se necesita construir, según el Banco de España, unas 900.000 al año.
Dejando a un lado el mal uso y la ineficaz gestión de los miles de millones de fondos europeos, ocho años después, el balance económico del sanchismo presenta una profunda divergencia entre los datos oficiales y la experiencia diaria de los ciudadanos. El PIB crece, pero para millones de españoles la sensación es que su economía personal, su acceso a la vivienda y sus expectativas de futuro han empeorado.
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