Al hilo de algunas de las dimisiones de dos altos cargos de las empresas responsables de los trenes de cercanías que circulan por Cataluña, Felipe González comentaba con ironía que se iban los que sabían y se quedaban los que no sabían.
Era una pulla que remitía a la renuencia de los responsables del Ministerio de Transportes -en el centro el ministro Óscar Puente- a tomar el mismo camino, visto el apabullante registro de indicios que señalan que el fallo de una soldadura y la falta de mantenimiento de las vías por las que circulan los trenes de Alta Velocidad serían la causa del descarrilamiento en Adamuz (Córdoba) que provocó la muerte de 46 personas.
Pero no se sienten aludidos. Ni siquiera ante las manifestaciones convocadas por los sindicatos de los trabajadores de Renfe y un anuncio de huelga. Más aún, a juzgar por la arrogancia exhibida por el señor Puente en su comparecencia en el Senado, proclamando que la suya había sido una gestión impecable todo indica que, pase lo que pase y concluya lo que concluya, la comisión de expertos que investiga las causas del accidente no tiene la menor intención de resignar el cargo.
Siendo la asunción de responsabilidades políticas el resultado de un impulso ético y, por lo tanto el trasunto de un modo de entender la vida no parece que dadas la características del personaje se vaya a producir una renuncia al cargo ante la evidencia de que, si bien no es suya la culpa del descarrilamiento, si lo es la responsabilidad que se deriva del deficiente mantenimiento de las vías, factor determinante del accidente según los datos que se disponen hasta el momento.
No hace falta ir muy lejos buscando un ejemplo de cuál habría sido el comportamiento del propio Óscar Puente y el de Pedro Sánchez caso de estar en la oposición para averiguar cuánto habrían tardado en pedir la dimisión si quien estuviera gobernando fuera el Partido Popular. Así lo hicieron en ocasión del accidente de Angrois en 2013 y también tras la dana que hace algo más de un año arrasó parte de la provincia de Valencia. Es un caso muy llamativo de cinismo pero los hechos son tenaces y acabarán alcanzando al ministro Óscar Puente.
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