Esta semana hemos asistido al descubrimiento de un fenómeno prodigioso, y es que los autónomos españoles poseen una salud muy superior a la del resto de trabajadores, sean funcionarios o asalariados por cuenta privada.
Sería algo así como si, cualquier persona, al convertirse en autónomo, poseyera unan extraña inmunidad a las enfermedades, que le evitara solicitar una baja médica. Ya asistimos a otro anuncio asombroso de fenómeno intrínseco, cuando nos informaron de que todo socialista, por el mero hecho de serlo, es automáticamente feminista, tiene poco y da mucho.
Sin embargo, estos fenómenos, de ser ciertos, hubieran dado paso a la llegada de cientos de investigadores, que querrían comprobar, sobre el terreno, un fenómeno aparentemente prodigioso. Parece que no hay tal prodigio, sino la circunstancia de que el autónomo, si se toma la baja médica, se tiene que pagar esos días de baja él mismo, amén de dejar de facturar, mientras que el empleado o funcionario público, no tiene merma en su salario, porque el empresario y los contribuyentes aportamos el dinero para que cobre lo mismo que si acudiera a su trabajo.
No estamos perdiendo el respeto al trabajador que tiene la desgracia de sufrir un accidente o una enfermedad, sino a sospechar que existe un porcentaje de trabajadores, que es muy probable que posean bastante mejor salud de la que atestiguan sus muchos días de baja laboral. Engañar con una semana de baja tampoco es tanto dinero, pero parece que son millones de casos, y eso cuesta miles de millones a los contribuyentes que aportamos el dinero para mantener la seguridad social, y a los empresarios que, seguramente, proyectaran ese costo a los clientes.
Son los corruptos menores, los becarios de la corrupción que, seguramente, no pasarán de allí, y que se amparan en el espíritu de la clase trabajadora para que quienes les señalen -o señalemos- seamos calificados como terribles capitalistas, enemigos del trabajador. Los enemigos de los los trabajadores son ellos, porque en las pequeñas empresas sobrecargan de trabajo al resto de sus compañeros, al llevar a cabo su pequeña corrupción. Los focos de la información están sobre los grandes corruptos, y lo que seduce es saber de dónde salieron las joyas de Zapatero, pero lo triste es comprobar que, en España, hay una cantera amplia para que la corrupción no descienda.
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