La legislatura aboca su último tramo pero ha sido tan tóxico el clima político de los últimos tres años, tan reiterados los escándalos políticos y tantas las trampas en el recorrido -desde la Ley de Amnistía redactada a instancias de sus principales beneficiario o para idéntico fin las reforma del Código Penal con la rebaja de la malversación y la derogación de la sedición- que la travesía ha tenido momentos cumbre en la historia doméstica de la infamia.
Y, ¿qué decir de la interminable agenda judicial relacionada con casos de corrupción que implican y en algunos casos han llevado a prisión a dirigentes del PSOE. Al ex ministro José Luis Ábalos con 24 años de cárcel. O la condena por prevaricación del fiscal general de Estado, un hecho sin precedentes en la Historia de España. Y en el centro de todos estos asuntos, invariablemente, aparece la alargada sombra de Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno que gobierna desde hace tres años sin presupuestos y qué en el colmo del desafío a las normas y obligaciones del sistema democrático ha llegado a decir estar dispuesto a seguir gobernando con o sin el apoyo del poder legislativo, es decir, hurtando el control del Parlamento. Un registro de arribista, de político sin escrúpulos que se mantiene aferrado al poder haciendo oídos sordos a la petición del Congreso -votada por la mayoría- para que convoque elecciones. Un horizonte que a la desesperada trata de alejar, entre otras razones, porque ante algunas de las causas judiciales que le afectan más directamente - la inhabilitación de su hermano y la imputación de su esposa -, barrunta que estando en La Moncloa dispondrá de más recursos para hacer frente a lo que de ellas pueda derivarse.
Frente a este estado de cosas se entiende que para Sánchez pueda resultar aterrador la expectativa del cambio de ciclo que avizoran las encuestas de intención de voto que, salvo las que cocina el CIS, apuntan a una victoria holgada de la suma de PP más Vox. Puede que el verano y las vacaciones del clan presidencial que se anuncian camino de Lanzarote contribuyan a poner un poco de distancia y sosiego en la polarizada vida política española. Con permiso de Robert Graves, estando como estamos en verano, aunque sea por unos días, nos gustaría poder decir adiós a todo esto. Nos merecemos un respiro.
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