Más del cincuenta por ciento, incluso más del sesenta, de los aspirantes a ser maestros en Asturias, Murcia, Castilla y León o Castilla-La Mancha han sido suspendidos por faltas de ortografía.
El dato no sería distinto en el resto de España. "Vevida", "acer", "llendo", "colavoración" o "canpo" son algunas de esas barbaridades insultantes de quienes aspiran a "enseñar" a los niños y adolescentes. No sólo eso. También se detectó falta de preparación, mal uso de los signos de puntuación, errores de sintaxis o de comprensión lectora. Algunos de los examinadores han sido amenazados y algunos padres han acompañado al opositor suspendido a pedir la revisión del examen. Como lo oyen o, mejor, como lo leen. No es una anécdota, es algo mucho más serio que debería hacernos reflexionar.
Si queremos elevar el nivel de formación de nuestros jóvenes, necesitamos los mejores profesores. También deberían ser los mejor pagados. Pero es evidente que con lo que revelan estos últimos exámenes vamos por mal camino. Contrasta esto con iniciativas que buscan el talento y lo promueven, lo facilitan, dan oportunidades a los jóvenes que no se conformar con aprobar o sacar un título, que se esfuerzan, que innovan, que investigan, que crean, que se arriesgan, que emprenden, que buscan la excelencia. Hay unas cuantas e importantes iniciativas en España como las becas de posgrado en el extranjero de La Caixa o los Premios Princesa de Asturias.
La princesa Leonor en la entrega de los últimos premios, sustituyó el término influencers por el de "inteligentes naturales" y dijo que le gusta de ellos es que "entrenan bacterias, se enamoran de problemas con la intención de solucionarlos, cuentan algo importante con talento y desde la oscuridad y la entraña, descubren exoplanetas, acompañan sus locuras con rigor, disciplina y pensamiento crítico y normalizan la amabilidad". Son inteligentes naturales pero que al talento le han añadido un gran esfuerzo, porque sin esto las inteligencias naturales se quedan muchas veces en inteligencias malgastadas.
En este país hay un inmenso talento joven -también senior- que muchas veces se pierde por falta de oportunidades. Falta un impulso público y hay que favorecer y potenciar lo que hacen muchas empresas privadas. En estos últimos premios está el de un joven marroquí que atravesó los casi mil kilómetros entre Nador y Poble Sec y creó una asociación Jóvenes Unidos del Poble Sec, que transforma la impotencia en organización y el malestar en vínculo y comunidad. Para integrar de verdad a los que vienen. Hay que aprovechar ese talento joven, ese esfuerzo enorme para que pueda desarrollarse y crecer aquí sin necesidad de verse obligado a emigrar porque otros les ofrecen lo que aquí no encuentran. Sólo ellos serán capaces de transformar una sociedad desigual y muchas veces reticente al esfuerzo y al cambio.
Contrasta todo eso con la falta de talento y de esfuerzo en otras esferas como la polìtica, más proclive al insulto fácil que al razonamiento y el trabajo. Una gran parte de sus componentes ni tienen una carrera universitaria ni experiencia de gestión ni han trabajado nunca fuera del ámbito de los partidos o de los cargos públicos a dedo. Allí donde algunos tratan de normalizar la corrupción y la impunidad. La política no puede ser una carrera para los que están dispuestos al servilismo respecto a los líderes y a hacer carrera obedeciendo y copiando los peores comportamientos de sus jefes. La polìtica debería ser una actividad temporal. El problema es que si pierden las elecciones, muchos no podrán encontrar acomodo porque no tienen más oficio ni beneficio que la política al servicio del que manda. La polìtica no puede ser incompetencia ni impunidad. La polìtica no puede estar por encima de la ley, como algunos pretenden. La polìtica no puede hacerse al servicio de los intereses particulares sino del bien común. Muchos de los que hoy están en polìtica no pasarían en una empresa privada ni el período de prueba. El talento es construcción colectiva siempre. La corrupción es, también siempre, destrucción colectiva.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)