Desde el minuto uno de la legislatura, el presidente del Gobierno ha venido creando precedentes. Desde hace ya dos años, estamos asistiendo a posicionamientos, pactos, socios y un gobierno legítimo pero absolutamente inédito en la democracia española.
Supone el presidente del Gobierno que para ir quitándonos de encima el trágico marrón de la Covid, lo mejor es tratarla como si fuera otra cosa. Por ejemplo, como una gripe.
El nacimiento de diferentes candidaturas provinciales que, en nombre de la "España vaciada", se presentan a las elecciones en Castilla y Leon, denota la incapacidad del sistema autonómico para resolver los problemas de sus conciudadanos desde la cercanía geográfica.
En mi estado de perplejidad por la marcha de la pandemia, una alerta en los espacios del sentido común. Por sexta vez se vuelve a hablar de un próximo "retorno a la normalidad", después de cinco fracasos.
Más que un gobierno de coalición, cada día que pasa el Consejo de Ministros que preside Pedro Sánchez se asemeja a un gobierno de cohabitación. ¿Cuánto tiempo tardará Sánchez en repudiar a Podemos fingiendo que nunca fueron sus socios en el Gobierno? A corto plazo no, desde luego.
La semana pasada se publicaron los datos de paro y cotizantes a la Seguridad Social del mes de diciembre. El Gobierno, con Sánchez a la cabeza, se deshizo en elogios y parabienes.
De momento, que uno sepa, no es obligatorio ser partidario del capitalismo salvaje, como tampoco se necesita ser comunista para deplorarlo. Así pues, el hecho de que un comunista, cual es el ministro de Consumo, Alberto Garzón, denuncie el sindiós de las macrogranjas y de la ganadería intensiva, acabada expresión del capitalismo más desatado, no invalida la sencilla verdad que cualquiera puede ver con solo abrir los ojos, la de que semejante forma de producción alimentaria conduce a la ruina.
Confieso que el sentimentalismo secesionista me parece estupendo, y las creencias de que Cataluña fue una nación posterior a Roma, o puede que antes, me dejan indiferente.
Lo que mi amigo Manuel Cruz -pensador de guardia- llama "contención", referida en general a los profesionales de la política, se ha convertido en un bien de muy escaso tráfico.
La verdad es que al dirigente de Izquierda Unida y ministro de Consumo le están dando palos hasta en el carnet de identidad. ¿A quién se le ocurre, a las puertas de la campaña electoral en Castilla-Leon, arremeter contra el sector ganadero, poniendo en cuestión en un medio internacional la calidad de la carne?
Si no fuera porque la vacuidad de sus funciones como ministro le han llevado a decir y proponer una sarta de majaderías, se podría pensar que no sabe cuál es su papel y para que sirve su cargo.
Georges Steiner solía decir que el nacionalismo era el veneno de la historia moderna. No se equivocaba. No hay que mirar mucho hacia atrás, al horror que fueron las dos grandes guerras del siglo pasado -sobre todo la última-, para constatar que esa pulsión excluyente que emponzoña las relaciones entre países vecinos sigue latente y destilando odio. En nuestros días contra el gran dique antinacionalista que es la Unión Europea.
Es lo que tiene el desconocimiento de la Historia: muchos ciudadanos son incapaces de relacionar algunos sucesos del pasado con el presente.
Por eso, no estaría de más que en algún momento en las aulas se explicara y estudiara lo que sucedió en Alemania en los años treinta, y cómo fue anidando el huevo de la serpiente en la sociedad hasta alumbrar el monstruo del nazismo.
Hay quien se ha escandalizado porque el secesionista que preside la autonomía de Cataluña afirma que, si no les conceden la separación de España, buscarán otros medios. A mí lo que me hubiera causado una enorme sorpresa hubiese sido su renuncia y la confesión de que se sentía español.
En algún estudio he leído que las mujeres son las más intuitivas para asociar sus aptitudes y habilidades que los hombres, y que una mujer lo descubre mucho antes.
La sexta ola se llevó por delante la ilusión de que estas fiestas iban a ser lo que siempre fueron antes del coronavirus. Nuestro gozo en el pozo del desaliento. Ni la cantinela de la lotería del día 22 de diciembre sonó como en otras ocasiones, mientras nos acercábamos a unas Navidades rotas por una especie de depresión colectiva.
La nueva variante del coronavirus se ha instalado entre nosotros. A pesar de las estúpidas predicciones de Simón ya es predominante en muchas Comunidades Autónomas. Cierto, que gracias a las vacunas y a los españoles que se la han puesto masivamente, el daño en la salud y la presión hospitalaria aún es soportable.
En las últimas semanas había observado, al hablar con personas relacionadas con Ferraz, cierto nerviosismo por las encuestas que publicaban algunos periódicos, en las que el PSOE, sin desplomarse, no dejaba de perder porcentajes en intención de voto.
El Banco de España publicó el viernes sus nuevas previsiones sobre la evolución de la economía española este año y los próximos. La primera idea, a la luz de los datos que maneja el organismo, es que España va a tardar cinco años en superar la brecha abierta por la pandemia del coronavirus o lo que es lo mismo, un lustro perdido para el crecimiento.
Leyendo algunas declaraciones de destacados socialistas tiendo a pensar que el PSOE está al borde del vomito, o, por lo menos, de la náusea.!!Qué difícil debe ser estar en el Gobierno y que el principal partido de la Oposición produzca tanto asco!!.
Hay que descubrirse ante el talento, y, por tanto, reconocer el sobrado talento político de la vicepresidenta Yolanda Díaz, cuya estrella no para de brillar y a lo que parece va a conseguir sacar adelante su reforma laboral.
"Pero ¿qué coño tiene que pasar, señor Sánchez, para que asuma sus responsabilidades?". Así concluyó Pablo Casado, líder de la oposición, su cruce de espadas verbal con el presidente del Gobierno en la sesión de control parlamentario de este miércoles.
El gobierno de coalición montado por Pedro Sánchez es sobre todo un tropel de ministros que no saben gestionar y que han llevado al desastre muchas de las medidas estrella que ellos mismos habían vendido como progresistas y nacidas para no dejar a nadie atrás.