Tal vez habría que empezar por eso de "qué buen vasallo si hubiese buen señor" del Cantar del Mío Cid, pero de eso ya hablamos todos los días. Me refiero hoy a los "vasallos", o dicho de otra manera a los veintidós ministros de este Gobierno y a su trabajo.
Si los médicos de urgencias, los pediatras y los de atención primaria de Madrid y otras regiones van a la huelga el próximo día 21, los pacientes no lo notarán, por desgracia, exageradamente: la infame situación de la Sanidad Pública, que en Madrid tiene su máximo y más deplorable modelo, les concede apenas cinco minutos para ser atendidos, reconocidos y diagnosticados por sus médicos, y eso si sus dolencias no precisan de tratamiento urgente, pues en ese caso es muy probable que no dispongan ni de esos cinco minutos porque no encuentren médico ninguno en el centro sanitario de urgencias precisamente.
La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa una reforma de las reglas fiscales con la idea de que se apliquen en 2024. Habría sanciones para los incumplidores de los objetivos de deuda y déficit, una senda de gasto público con relación a la deuda de cada Estado con el límite del 60% del PIB, un tope de déficit público del 3% del PIB y un plazo máximo de 7 años para su cumplimiento si eres como España un país con una gran deuda y te comprometes a hacer reformas o a invertir en propuestas previamente marcadas por Bruselas.
Hace un par de noches, el travieso de Vicente Vallés, en el informativo de Antena 3, encadenó una serie de declaraciones de ministras y asimiladas, donde todas coincidían en señalar un mismo sufrimiento: se están dejando la piel.
Diríase que lo que más preocupa a Núñez Feijóo es que le pase lo mismo que a su predecesor a los mandos del PP: que se lo meriende Ayuso. Sin embargo, no debería preocuparle esa posibilidad: ya se lo ha merendado.
El Gobierno lleva meses recibiendo palos sobre la pésima gestión que está realizando del dinero ya recibido de los fondos europeos. Han venido a España auditores de la Unión Europea, la portavoz de Control Presupuestario del Parlamento Europeo ha puesto a España a caer de un burro, las empresas se quejan de que no llega el dinero y las Comunidades Autónomas de que no hay un sistema informático donde volcar datos y que lo hacen a mano.
A mí los únicos bancos que me caen simpáticos son los bancos de los jardines públicos, y los uso en raras ocasiones, porque prefiero pasear a sentarme. Los otros no tengo más remedio que usarlos, porque prefiero vivir en un régimen capitalista que en uno comunista, donde los bancos nacionalizados estarían dirigidos por un camarada, amigo del camarada secretario general.
Aseguran que la 'operación Garzón' (Baltasar) salvó al PSOE de la derrota en 1993. Felipe González ganó por la mínima, con la decisiva ayuda, estiman muchos, del entonces 'magistrado estrella', abruptamente designado 'número dos' en la candidatura socialista por Madrid, desplazando a Javier Solana.
Unidas Podemos celebra estos días la llamada universidad de otoño. Es un foro que reúne a los dirigentes con la militancia y en el que establecen líneas estratégicas y abren un proceso que culminará con la elección de candidatos a las elecciones autonómicas y municipales que se celebraran el próximo mes de mayo.
No es la primera vez que escribo una crónica sin citar su nombre: no me merece siquiera la pena. Es un tsunami constante dentro del Gobierno. Ha impulsado una 'ley trans' que nadie quiere suscribir en los términos desastrosamente antijurídicos que su Departamento ministerial ha redactado.
Los españoles nunca mostraremos suficiente agradecimiento a doña María Jesús Montero Cuadrado por haber renunciado a ejercer la Medicina. La actual ministra de Hacienda, hace años, en un rapto de generosidad que, repito, nunca le reconoceremos bastante, decidió dedicarse a la política, y eso supone que nadie, jamás, tendrá que pasar por su consulta.
Cada sesión de control al Gobierno en el Congreso se convierte en un minidebate sobre el estado de la nación, con el Gobierno y el PP disparándose de uno a otro lado de la barricada. La de este miércoles no fue una excepción, pero a base de clavetear los respectivos argumentarios.
La legislatura se hace larga y en algunas de las acciones que impulsa el Gobierno se aprecia intranquilidad. Es evidente que ante el barrunto de un posible vuelco electoral quieren cerrar a toda costa el proceso de renovación del CGPJ con la vista puesta en la posterior elección de los dos magistrados de tendencia progresista que pueden situar en el Tribunal Constitucional.
El ministro de Inclusión y Seguridad Social no va a pasar a la historia económica de este país. Escrivá era uno de los ministros del gobierno de Pedro Sánchez que estaban llamados a dar tranquilidad, solvencia y profesionalidad.
Vivimos un tiempo tan peculiar --raro sería mejor palabra-- en el que parece que más que los hechos lo que verdaderamente cuenta es el relato que se hace de ellos. Tomemos como ejemplo la ruptura de las negociaciones entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo para renovar el CGPJ.
La vicepresidenta para Asuntos Económicos lleva semanas asegurando que la economía española está fuerte, que España es el país que más va a crecer y que el paro va como un tiro. Nadia Calviño ha obviado durante todo este tiempo las señales que mandaban todos los organismos nacionales e internacionales.
Mañana sábado, el PSOE se ha citado en la capital hispalenses. Tener 140 años de historia es para celebrarlo, lo que no significa que con tanta historia a la espalda no haya tenido sus agujeros negros y protagonizado hechos poco o nada edificantes.
Tras la Transición, el desmantelamiento de las disposiciones del Dictador han sido intensas y extensas, pero hay una que ha permanecido: el horario.
Con arreglo a la Geografía, y ateniéndonos al trazado del meridiano de Greenwich, deberíamos tener la misma hora que Londres, porque el Meridiano pasa por Alicante, Huesca, y Londres.
No, no queda casi nada de aquel PSOE que en la transición dio el sorpasso al Partido Comunista, el único que había ejercido la oposición al franquismo. Lo hicieron un grupo de jóvenes políticos, encabezados por Felipe González y Alfonso Guerra, que aterrizaron en la realidad, acabaron con los históricos en el exilio y vieron que era posible ganar.
El 7 de marzo del año pasado en una entrevista en "El País", el presidente del Gobierno anunció dentro del Plan de Recuperación el PERTE para el coche eléctrico y conectado. Desde entonces las vicisitudes por las que ha pasado este plan han sido numerosisímas.
De los males que padece nuestro país uno de los más dañinos es la polarización política. Dañino por lo que tiene de barrera insalvable para sacar adelante proyectos de los que podría derivarse un gran beneficio para el común de los ciudadanos.
Puede producir, y produce, gran sorpresa que nuestras más enfebrecidas feministas, hasta pasarse de grados y alcanzar el "transtorno", no solo no combatan el integrismo islámico contra la mujer sino que le hagan pamemas y arrumacos a sus inductores.
Las últimas encuestas apuntan a una ligera recuperación del PSOE en paralelo a un cierto frenazo del llamado efecto Feijóo. A lo mejor Tezanos no iba tan desencaminado. Si no por la diferencia de 4 puntos que el CIS atribuía al PSOE (por delante del PP), al menos en la tendencia.
El pasado viernes se celebraba el V Encuentro Económico Asegurador. Uno de los participantes era el director general de Productos Estadísticos del INE, Alfredo Cristóbal, quien avanzó que el PIB del tercer trimestre podría situarse en torno a cero "décima arriba, décima abajo".