Andan a la greña los dirigentes de Ciudadanos (Inés Arrimadas, Edmundo Bal) en disputa por el liderazgo y malbaratando la imagen, camino del recuerdo, de un partido que fue la gran esperanza de muchos españoles críticos con los excesos del bipartidismo que imperó en España desde los tiempos de la Transición.
Un día en que la caridad, o el despiste, se apoderó de la junta directiva de la Hermandad de Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, me nombraron socio honorario, generosidad que comparto con otros colegas de medios de comunicación.
El Gobierno está muy contento porque en noviembre y diciembre el IPC se ha moderado en España. Y es cierto. El pasado viernes Eurostat, la Oficina de Estadística de la Unión Europea hizo públicos los datos de inflación de los 27 países de la UE y nuestro país es el que menor tasa registra.
Qué duda cabe de que uno de los más interesantes y quizá prometedores rostros políticos de este 2023 va a ser el de la ministra de Trabajo y vicepresidenta, Yolanda Díaz. El halo de incertidumbre que rodea su futuro político, su propia indefinición a la hora de decantarse por algunas de las vías por las que creo que aún puede optar, contribuyen a que su rostro, día sí, día también, aparezca en las páginas de los periódicos y, por cierto, casi siempre en las páginas positivas, incluyendo las internacionales.
Nos aboca el calendario a vivir un año que en términos políticos concluirá en medio de fuertes tensiones vinculadas al resultado de los dos procesos electorales que tenemos por delante: comicios locales y autonómicos y elecciones legislativas.
Un célebre director de un programa radiofónico montó un lío hace horas anunciando, con gracia, que al día siguiente, es decir, este 6 de enero, iba a entrevistar al Rey. Dejaba pasar unos minutos, para que la competencia rabiara y los oyentes se pusieran en alerta.
Calculo que, en algunos lugares, es probable que los Reyes Magos puedan llegar con retraso. Me refiero a la gran demanda de pantalones vaqueros rotos, y al descubrimiento de que los pantalones nuevos son más baratos que los pantalones rotos.
El Gobierno se enfrentaba a un final de año de alto riesgo y lo ha solventado con suficiencia. Hay Presupuestos, se han sacado adelante leyes que ponían en riesgo la coalición, aunque haya sido cediendo en asuntos que darán más problemas legales futuros, se cierra el año con buenas cifras de empleo y, sobre todo, ha ganado la guerra de la renovación del Constitucional aunque haya sido dejándose pelos en la gatera.
Acabamos de saber que la informática hace posible la comparación de los genomas completos de los seres humanos actuales con los de sus ancestros. Se trata de recuperar proteínas descatalogadas en los mapas genéticos actuales.
Lo de Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, militante del Partido Comunista y cabeza tractora de una plataforma política -"Sumar"- tan ambigua como aplazada, es un misterio.
Hace apenas unos días el INE hizo público el comportamiento del PIB en el tercer trimestre del año. La economía creció apenas un 0,1% confirmando así que durante el verano se produjo el estancamiento que más o menos todos los economistas auguraban.
Empezamos un año de perfiles políticos gramscianos. Las más que justificadas sospechas acerca de nuevas cesiones de Pedro Sánchez para seguir contando con el apoyo de los separatistas de ERC siguen marcando el horizonte.
En la España de los ochenta solía yo leer de vez en cuando algunas secciones de «El País», especialmente las de cultura y sociedad, pues la política ya entonces me daba cortocicuitos y migrañas. Y no dejaba de llamarme la atención la demonización continua que el periódico hacía del entonces Prefecto para la Congregación de la Fe, el cardenal Ratzinger, que siempre aparecía en fotos con cara de pocos amigos, subtítulos alusivos a la Inquisición y clarificando o condenando o alguna idea o posición secular o religiosa implícita o explícitamente bendecida por el periódico.
Los grandes cambios se producen en largos periodos de tiempo, pero observo un par de ellos que en, menos de dos lustros, se han asentado entre nosotros, sin que llamen demasiado la atención.
Uno de ellos fue la concienciación -durante la crisis económica que nos sacudió, siendo presidente José Luis Rodriguez Zapatero- del absentismo laboral que provocaban los puentes.
Después de la despedida del 22 toca saludar al novísimo 23, marcado por la incertidumbre económica, dentro y fuera de España. derivada de una fatiga ucraniana sin visos de cancelación. Más visible es la verificada tendencia al desgaste de unas indolentes tropas rusas frente a un ejército ucraniano muy motivado que, además, cuenta con el mayoritario apoyo de la comunidad internacional.
No es por incordiar, pero China está cerca. Sin menospreciar la utilidad psicológica que puedan tener los buenos propósitos para el nuevo año, dejar de fumar, comer más sano, andar más y esas cosas, éstos no bastan para atenuar el canguelo que inspira un 2023 que se presenta, ya desde sus primeros balbuceos, muy inquietante, o, cuando menos, lo suficiente para dejar lo de abandonar el tabaco, comer brócoli y usar más las piernas para mejor ocasión.
Todo pronóstico acerca de un adelantamiento de las elecciones legislativas pertenece al ámbito de la política recreativa, porque salvo el propio Pedro Sánchez nadie sabe lo que está pasando por la cabeza del presidente del Gobierno en este arranque de año.
Entre la reconquista de la calle tras el encogimiento por Covid y las insoportables cifras de la violencia machista, pasando por la cancelación de Vasile o la ruptura de Vargas Llosa con Isabel Preysler, ha llovido mucho.
Hace muchos años, conocí a Cristina Kirchner en la sede de la embajada Argentina en España. Le hacía una entrevista, desde los estudios, Iñaki Gabilondo, y a mí me enviaron para que hiciera una semblanza del personaje.
La justicia es la virtud nuclear de un Estado sano y todo lo que estamos viendo estos días, el intento de condicionarla, acosarla, controlarla, desmontarla y someterla a los partidos dominantes deja un diagnóstico evidente: el Estado está enfermo.
El Gobierno sigue empeñado en dar la razón a la madre del dirigente del PP, Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA, y una tras otra pone en pie reformas y llega a acuerdos que, como dijo en su momento, nos hielan la sangre.
Vamos mal. El penoso espectáculo provocado por los enfrentamientos entre políticos en el Parlamento rebota y se estanca entre las togas del Tribunal Constitucional y crea crispación.
La seguridad jurídica, la separación de poderes, el debate parlamentario sosegado y razonado, la coherencia en la propuesta de leyes, son, entre otros, elementos esenciales en una democracia. Comprendo que existen asuntos más apremiantes para la ciudadanía, desde la inflación hasta el mantenimiento de la paz y el amor navideños; pero lo cierto es que los últimos días han sido pródigos en momentos de alteración de esa normalidad democrática que los españoles reclamamos.
Creo recordar que fue el escritor Manuel Vicent quien en una visita a Cuba, cuando leyó esos carteles que rezan "Revolución o muerte", observó que eso era una redundancia. Pido perdón, porque el encabezamiento de este artículo sea una redundancia, puesto que hablar del totalitarismo secesionista es lo mismo que referirse al agua húmeda o al desierto árido.