Infame "adolfada" para un desesperante y soporífero fin de feria

Infame "adolfada" para un desesperante y soporífero fin de feria

Madrid, 6 oct.- Una corrida muy deslucida de Adolfo Martín se encargó hoy de dilapidar el cierre de la Feria de Otoño en Las Ventas, pues la falta de raza de los seis ejemplares fue directamente proporcional al saldo que fue saliendo de los corrales, algo impropio para la categoría de una plaza como la de Madrid.

Y eso que el primero lució una lámina preciosa: "asaltillado", bajito, bien hecho, muy abierto de cara y astifino, que, además, colocó la cara de maravilla en el capote por el izquierdo. Pero en la muleta echó la persiana demasiado pronto, parándose y poniéndose a la defensiva, lo que truncó toda opción de lucimiento por parte de un voluntarioso Curro Díaz.

El cuarto fue un toro en el límite para la primera plaza del mundo, pero que guardaba escondido un buen pitón izquierdo, por donde Curro basó una faena de buen corte, de más estética que hondura, y salpicada con bellísimos muletazos marca de la casa como los dos desmayados que pegó en la apertura y alguna que otra cosita también en el epílogo. Estocada a la segunda y ovación para él.

El primero de López Chaves fue muy poca cosa, un toro escurrido, bajo, sin apenas remate y poco ofensivo por delante, que, por si fuera poco, dio pronto síntomas de andar escasito de fuerzas.

El salmantino trató de engancharlo con los vuelos y llevarlo muy despacito, con mucho temple y suma suavidad en los toques para, al menos, robarle unos cuantos muletazos sueltos de exquisito trazo dentro de una faena de enfermero y en la que se mostró por encima de la feble condición del de Adolfo.

El quinto volvió grupas por dos veces a los chiqueros nada más sentir el albero bajo sus pezuñas. No quería salir el "adolfo", al que López Chaves bregó de manera magistral para sacárselo a los medios, no sin sortear algún que otro apuro por esa tendencia tan marcada a apretar hacia los adentros y a quedarse también muy corto.

Pero luego tuvo menos raza que una oveja, moviéndose de aquí para allá, al paso, sin humillar y sin decir absolutamente nada. El de Ledesma volvió a andar templado, en profesional, en una faena de poco eco, quede dicho, que por la extrema sosería del cárdeno.

A la puerta de toriles se fue Escribano a recibir a su primero, que a punto estuvo de reventarlo al quedársele debajo justo en el momento de la larga cambiada, teniendo que echar cuerpo a tierra el torero, que se libró de la cornada de auténtico milagro.

El toro no se empleó nada en los primeros tercios, desarrollando una barbaridad. Escribano pasó las de caín con los palos, pues el toro cortaba el viaje con unas oleadas de espanto. Complicado de verdad. Como difícil fue también en la muleta, sobre todo por incierto. Ingrato esfuerzo del sevillano, que hizo lo que pudo con semejante "prenda", a la que se quitó del medio con habilidad.

A portagayola volvió Escribano a saludar al sexto, resuelta ésta de forma más airosa que la anterior. También con los garapullos se mostró más resuelto y variado el de Gerena, sobre todo en un arriesgado "violín" al quiebro por los adentros. Y, aunque puso ganas el hombre en el último tercio, aquello no trascendió por la absoluta falta de raza del animal.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Adolfo Martín, muy desiguales de caras, hechuras y remates, y deslucidos. Tan bonito por fuera como vacío por dentro, el primero; birrioso y sin fuerzas, el segundo; incierto y complicado, el tercero; el cuarto se dejó algo más que sus hermanos, pero solamente por el izquierdo; y sin raza alguna, quinto y sexto.

Curro Díaz, de purísima y oro: estocada baja y descabello (silencio); pinchazo y buena estocada (ovación).

López Chaves, de ciruela y oro: cuatro pinchazos y casi entera trasera (silencio tras aviso); pinchazo y bajonazo (silencio).

Manuel Escribano, de catafalco y oro: estocada trasera y tendida (silencio); estocada desprendida (silencio).

La plaza registró más de tres cuartos de entrada (19.130 espectadores, según la empresa) en tarde espléndida.

Por Javier López