Una de las caras más fascinantes de la música del barroco temprano es su capacidad de sorprender. Y en esa capacidad reside buena parte del encanto del llamado, con buena razón “Stylus Phantasticus”. No sin razón, en su cuarta acepción del diccionario de la RAE, se define “fantasía” como el “grado superior de la imaginación; la imaginación en cuanto inventa o produce”. Imaginación va muy ligado a improvisación.
Ton Koopman, autoridad indiscutible en la interpretación de uno de los autores incluidos en el disco que se comenta, Dieterich Buxtehude, lo expone con claridad en un impagable artículo sobre las obras para órgano del compositor danés: “se trata de un estilo retórico, lleno de improvisación, o que imita una improvisación libre, impregnado de cambios inesperados de estado de ánimo, tempo, color, etc.”. Y lo resume después en pocas, pero más que explícitas palabras: “el estilo fantástico es un estilo mágico que quiere sorprender. Debe provocar en el público una sensación de asombro…” Y llega aún más lejos: “cualquier ‘demasiado’ es bueno: demasiado lento, demasiado rápido, demasiado ligado, demasiada articulación…”. Una invitación incluso descarada a una exageración teatral (el Grado Superior de la imaginación, de la invención) que constituye el trasfondo “fantástico” sobre el que asienta el estilo.
Viene el preámbulo al caso porque ese “Stylus Phantasticus” es el que preside la música del disco objeto de este comentario. Nacido y desarrollado en Italia (aunque luego cultivado por compositores de latitudes diferentes, como el mencionado Buxtehude o los alemanes Froberger y el gran Johann Sebastian Bach), encontramos en el disco una representación de autores mayoritariamente italianos del siglo XVII (la época dorada de ese estilo): Gregorio Strozzi (1615-1687), Ignazio Albertini (c.1644-1685), Dario Castello (1602-1631), y Alessandro Stradella (1643-1682), junto a Dieterich Buxtehude (1637-1707).
La música que encontramos en este disco es, en efecto, una fuente continua de fascinación absoluta, una fiesta de lo inesperado, siempre planteada desde una vibración tan cautivadora como elegante. Hay muchas muestras de ello, pero la primera y una de las más palmarias que viene a la cabeza se encuentra en la obra titulada “Ancidetemi pur”, de los “Capricci da Sonare Cembali et Organi”, fechada en Nápoles en 1687. Lo que Devigo consigue en este despliegue de fantasía que es un continuo desfile de sorpresas es de una belleza difícil de resistir. Libertad, asombro, agilidad de una articulación tan nítida como fulgurante, y con una sonoridad bellísima de un clavecín del que, lástima, no se nos da detalle en el por lo demás también muy atractivo folleto.
Son el clavecinista, organista y director gallego Pablo Devigo (1989) y su grupo Música d’Outrora, creado hace apenas tres años, otra gratísima sorpresa. Capturadas en la envolvente y apropiadamente resonante acústica de la St. Alban’s Church de Birmingham, las interpretaciones son de una excelencia técnica y artística de primerísimo nivel, porque consiguen en plenitud trasladarnos ese espíritu tan emocionante y bello del “Stylus Phantasticus”.
Cada uno de los componentes merece un sobresaliente, con mención especial, además del mencionado Devigo, a la violinista Park. También sobresaliente la toma de sonido y producción (del propio Devigo e Ignasi Cambra). Señala Devigo que “el título ‘Still Life’ significa bodegón en español, uno de los géneros pictóricos más característicos del barroco, y refleja cómo estas obras construyen momentos suspendidos en el tiempo: secciones que funcionan como pequeños microcosmos expresivos, cuidadosamente elaborados, donde un afecto queda cristalizado como los objetos en una pintura. Y también significa ‘Still Alive’ (aún vivo)”.
Y, en efecto, esta es una música llena de vibración (la “Sonata en trío BuxWV 257” de Buxtehude es una delicia de las que uno no desea que acabe), imaginación y, claro está, de vida. Una manifestación vital de irresistible riqueza de colorido, donde cada ataque, cada episodio, cada cambio, cada silencio, nos gana de inmediato. Ningún gesto, ninguna frase sin la intención de complacer, superar y sorprender, por retomar palabras del compositor y teórico alemán Johann Mattheson referidas, precisamente, a Buxtehude.
Expone Devigo que “con este trabajo discográfico queremos presentar un enfoque fresco y nuevo de estas obras, a través de nuestro método interpretativo basado en la combinación de la investigación histórica y la experimentación artística, con el fin de devolverles su carácter improvisado y transmitir la fuerza emotiva y la expresividad dramática tan características del barroco temprano. Aplicar, por ejemplo, la instrumentación inspirada en “L’Orfeo” de Monteverdi (órgano, clave, tiorba, guitarra, lirone y violone) a las “Sonatas” de Dario Castello, llevando la investigación histórica hasta sus últimas consecuencias para crear nuevas experiencias sonoras, nos permitió descubrir a un compositor profundamente dramático, con una riqueza de timbres, una sutileza afectiva y una teatralidad, que hacen mucho más accesible al público de hoy su música”.
Y bien puede decirse que lo han conseguido de lleno. La “Sonata nº 2” de Dario Castello, con tantos ecos monteverdianos, es un cierre hermosísimo para un disco de los que merece paladearse de principio a fin. Está saludablemente lleno de teatralidad, de la libertad que preside el estilo en sí mismo, en la que lo escrito deja de ser un corsé para, más que nunca, ser solo un marco muy elemental de partida, una plataforma para un festín de la imaginación. En interpretaciones como estas, la música aquí presentada suena viva, fascinadora y emocionante como pocas veces. Un disco que los amantes de la música del barroco temprano no deben perderse. Iré más lejos: quienes no hayan explorado este repertorio harán bien en acercarse a él. Hay mucha y muy hermosa magia en este festival de fantasía.
Still Life. Fantasía del barroco temprano. Obras de Castello, Albertini, Stradella, Strozzi y Buxtehude. Música d’Outrora (Christi Park, violín, Claas Harders, lirone, Timothy Lin, viola da gamba y violonchelo, Dávid Budai, violone, Asako Ueda, tiorba y archilaúd, Louis Moisan, guitarra). Clavecín, dirección y órgano de cámara: Pablo Devigo. 1 CD Deux-Elles DXL 1210.
