Desde hace unos años, la profesora de la Universidad Complutense Guadalupe Arbona ha construido, en paralelo a sus trabajos de investigación, un interesante edificio narrativo: a las dos entregas de diarios “Puerta principal” (2017) y “Enredada en azul” (2020) y a la novela “El papiro de Miray” (2022), inspirada por personajes bíblicos, debe sumarse ahora el volumen de relatos “Cuando ellas” (Ed. Pre-Textos, 2025).
Esta reciente publicación consiste en una compilación de cuatro extensos relatos o cuasinovelas, con protagonistas femeninos como elemento común. “Cuando ellas” significa en realidad una puesta de largo literaria porque consolida –después de haber cultivados varios géneros y de haber tratado periodos y temas distintos– una voz particular, con unas mismas preocupaciones, con una “mirada de misericordia” que de forma latente recorre las páginas de Arbona.
En cada relato, a través de un hecho concreto o de una serie de sucesos, se desnuda el alma de su protagonista. Sol, la primera de ellas, observa y comprende el mundo desde un sencillo quiosco verde plantado en la plaza de un pueblo de sabor levantino. La jueza Elsa, perfeccionista y recta, pasa una noche de pesadilla y reflexión en el segundo relato. Greta, vive una vida al filo de la muerte –y más allá del filo– entre Uganda y Kenia. Y, finalmente, se cuenta la historia de redención, caída y nueva redención de Nela, una “dalit”, el grupo social de menor consideración en la India. Esta última narración, que lleva al lector por escenarios de medio mundo, constituye la mejor del volumen, una pieza de hondo conocimiento de los vaivenes de la naturaleza humana y de las fortunas o traiciones de la suerte.
La obra completa de Arbona está recorrida por una “antropología del asombro”: sus protagonistas –y ella misma lo es en sus diarios– demuestran una sensibilidad herida por un rayo de luz, por un gesto de ayuda, por el esbozo de una sonrisa… A la vez se muestran como personajes que, de alguna manera, están en búsqueda por cuanto aquello que ha provocado el asombro es hermoso pero insuficiente, parece una introducción y no una Meta.
Encontramos, pues, a personalidades marcadas por la belleza de lo insignificante, de los rasgos auténticamente humanos. En uno de los relatos puede leerse cómo se dice a un personaje alicaído: “vales más que el mundo”; de alguna manera todo el volumen plantea una y otra vez esta afirmación al lector. Junto con esto, los textos de Arbona parecen esconder un misterio. Parece que hubiera una razón, que fuera a suceder algo que nunca termina de suceder, parece que solo un iniciado pudiera explicar qué hay detrás de esa sensibilidad o cómo afrontar esa íntima insatisfacción. Es un “misterio de presencia”.