El artista argentino Nicolás Robbio reflexiona sobre la realidad a través del dibujo en la muestra "Ejercicios de resistencia", donde transmite su idea de la "línea como acto sensible".
Robbio (Mar de Plata, Argentina, 1975) y sus "Ejercicios de resistencia" forman parte del programa de actos paralelos a la Feria de Arte Comteporáneo ARCO, organizados por Argentina, que en esta edición es el país invitado de honor.
La muestra, instalada en La Casa Encendida de Madrid, consta de media docena de obras creadas durante cuatro años y que "articulan una parte de la lógica del dibujar", explicó Robbio a Efe.
Líneas rectas, zigzagueantes, en cuadrícula u oblicuas para crear unas obras de sutil fragilidad que forman esos "Ejercicios de resistencia".
Una resistencia que evoca tanto la de los materiales -en sus instalaciones usa alambres, pesas, cuerdas- como "el dibujo entendido como acto de resistencia. Un elemento de acción que requiere de un pensamiento previo".
Líneas irregulares hechas de alambre que se expanden sobre una pared, como los restos de un Mapa Mundi estallado, para crear "Plano expandido. Cuestiones al trazar una línea".
Esos pedazos de alambre que parece "que no encajan en ningún lugar "son, en realidad, reproducciones de trozos de líneas fronterizas, por ejemplo entre Estados Unidos y Canadá o entre España y Portugal.
"Son líneas que, de alguna manera, te cuentan una historia. Es entrar en otro lugar por medio de un ejercicio de dibujo", el de trazar a mano líneas rectas que, sino se hace con la rapidez necesaria, comienzan a ser irregulares, debido a que en el dedo pulgar se nota el latido del corazón.
Así, indica, surge la idea de "la línea como un acto sensible, tanto por la propia naturaleza del trazado con la mano", como por su capacidad para "evocar memorias, recuerdos" al ver las siluetas que trazan.
El uso de objetos cotidianos, como monedas, ramas o huesos, sirven al artista para experimentar con las leyes de la física en "Arquitecturas de reyes (Ejecicios de tensión)".
Una obra donde la acción de unos pesos colocados en los extremos de una cuerda sirven para transformar la fuerza vertical de la gravedad en otra horizontal.
Una nueva fuerza que, debido a la tensión de la cuerda, es capaz de adherir contra un muro esos objetos e invita a relacionarlos unos con otros.
Robbio, quien intenta "ser cada vez más consciente de los espacios inconscientes que tiene el trabajo", da protagonismo en "Tonelada" a la multitud de granos de arena que forman una montaña, la cual toma su forma del halo de luz que proyectaría la lámpara situada en la cúspide, pero cuya verdadera luz está bloqueada por la arena.