
La remodelación incrementa de nueve a diecisiete las piezas expuestas y reivindica la labor de la reina sueca como coleccionista de escultura.
El Museo Nacional del Prado ha remodelado la sala 74 del Edificio Villanueva para convertirla en un espacio dedicado a la reina Cristina de Suecia, con motivo del cuarto centenario de su nacimiento, y poner así en primer plano su faceta como coleccionista de escultura. El cambio más visible es el salto de nueve a diecisiete obras expuestas, con una mayor diversidad de materiales, tipologías y soluciones cromáticas.
Manuel Arias, jefe de Colección de Escultura hasta 1700 del Museo del Prado, explicó la lógica de la intervención: "Lo que hemos querido, aprovechando la coyuntura del cuarto centenario del nacimiento de la reina, es reestructurar esta sala y convertirla en una sala homenaje a la reina y destacar su faceta como coleccionista".
La remodelación mantiene como eje visual la obra Ariadna dormida, conocida en el siglo XVII como Cleopatra, y reorganiza el espacio para ofrecer una lectura centrada en la personalidad coleccionista de Cristina de Suecia. El recorrido arranca con un retrato de la reina pintado por Sébastien Bourdon y dos cabezas de Atenea —una de época romana y otra del siglo XVII— que evocan su identificación con la sabiduría y su apodo de "Minerva del Norte" en las cortes europeas.
Las esculturas de Afrodita y los bustos de emperadores realizados con mármoles de diferentes colores remiten a las galerías aristocráticas europeas del período. Junto a ellas se presentan piezas que reflejan la amplitud de asuntos, materiales y modelos de la colección: el Filósofo con cabeza de Pseudo Séneca, el Busto de etíope, la Mujer oriental o Semíramis, y la Cabeza colosal de príncipe, una excepcional escultura helenística en bronce que durante mucho tiempo se identificó con Alejandro Magno, figura especialmente admirada por la soberana sueca.
Entre las piezas más destacadas figuran los bustos de Antinoo y Aquiles, que vuelven a mostrarse emparejados recuperando la disposición que tuvieron en el palacio romano de la reina. Según Arias, algunas de estas esculturas son "absolutamente capitales" y tuvieron "una repercusión enorme en su tiempo y posteriormente". Señaló especialmente el Fauno del cabrito, considerado una obra maestra de la Antigüedad que fue reproducida en distintos materiales para diferentes cortes europeas, así como la Ariadna y el Antinoo.
La nueva instalación busca mostrar también la variedad de mármoles de colores presentes en la colección. "Lo que querían era impregnar a la escultura blanca de color utilizando esas mezclas de colores", explicó Arias sobre una práctica habitual en la Italia del siglo XVII, que permitía crear efectos visuales de gran impacto en las galerías de los grandes coleccionistas.
El interés de Cristina de Suecia por la Antigüedad la llevó a reunir en Roma una importante colección de esculturas. "La escultura la trasladaba a ese mundo de la antigüedad que ella tenía idealizado y entonces ella va recopilando en su palacio estas piezas y construyendo una colección que después de su muerte se mantiene unida", apuntó Arias. El conjunto llegó a España en 1724, cuando fue adquirido por Isabel de Farnesio y Felipe V e incorporado a las colecciones reales, y constituye hoy una parte fundamental de los fondos de escultura del museo.
La conmemoración del cuarto centenario se extiende a otros espacios del Prado. En la sala de las Musas se presentará temporalmente una nueva instalación de Talía, musa de la Comedia, sobre uno de los pedestales de madera y mármoles que Cristina de Suecia encargó en Roma para sus esculturas y que se conserva habitualmente en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. En la sala 47, por su parte, se ha intervenido en los paramentos posteriores a las cuatro esculturas colosales allí expuestas —dos de ellas, Apolo y Júpiter Tonante, pertenecientes a la colección de la reina sueca— y se mostrará temporalmente la Venus del pomo, procedente de la misma colección.
Durante tres meses, la sala 74 acogerá además un ejemplar de la edición italiana del Trattato della pittura di Lionardo da Vinci, publicada en París en 1651 y conservada en la Biblioteca del Prado. La edición está dedicada a Cristina de Suecia y amplía el relato sobre su interés por el arte y la circulación del conocimiento en la Europa moderna.
El Prado y la Embajada de Suecia en España han organizado con motivo del aniversario un programa de actividades que se prolongará hasta final de año e incluirá conferencias, conciertos y encuentros con figuras de la cultura como el escritor Theodor Kallifatides, la ilustradora Liv Strömquist, la astronauta española Sara García Alonso y el astronauta sueco Christer Fuglesang. "Al final el arte también sirve para estrechar lazos", subrayó Arias, quien destacó la implicación de la Embajada de Suecia en el programa del museo.
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¿Sabías que la reina Cristina de Suecia fue una coleccionista de escultura tan importante que sus obras llegaron a formar parte de las colecciones reales españolas? ¿Qué te parece esta decisión del Prado de dedicarle una sala completa?
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