

La librería El Aleph, ubicada en la esquina de Ferraz y Luisa Fernanda, cerrará el 28 de diciembre tras casi un siglo de actividad. Su cierre se debe a la jubilación de Manuel Frontera, quien ha dedicado más de treinta años a este referente de la cultura del libro en Madrid.
Manuel Frontera, librero de 66 años, se prepara para cerrar una era. Su librería El Aleph, situada en la esquina de las calles Ferraz y Luisa Fernanda, bajará la persiana el próximo 28 de diciembre. Con ese cierre se pondrá fin a casi un siglo de tradición cultural en uno de los espacios más emblemáticos de Madrid, y Frontera se jubilará tras dedicar media vida al negocio junto a dos socios.
Los tres son propietarios del local y han decidido recuperar la inversión y dar un paso a un lado. Desde que pusieron la tienda en venta, han recibido llamadas, pero Frontera lamenta que "están interesados por el local, no por la librería". Siguen buscando un librero dispuesto a adquirir el negocio y mantener vivo su legado.
"Nunca he tenido la conciencia de ser librero, sino que ha venido un poco dado por las circunstancias", confiesa Frontera. Aun así, algo lo ha retenido en el oficio durante más de tres décadas: "Mi mundo siempre han sido los libros".
La pena que siente por el cierre le ha llevado a conceder esta entrevista. Cada día cierran negocios en una ciudad, reconoce, pero "cuando cierra una librería conmociona más, porque forma parte del alma más sensible". Frontera habla también de lo que este tiempo le ha dado: "la satisfacción del encuentro con el espíritu de los libros" y "todas aquellas personas que han ido dejando huella por valor emocional y sentimental".
El Aleph no es un caso aislado. La Asociación de Librerías de Madrid publicó en mayo una encuesta que dibuja un panorama preocupante: el 84 por ciento de las librerías participantes funcionan en locales de alquiler, y más del 80 por ciento señalaba que el pago de rentas les suponía un verdadero peligro para mantenerse abiertas.
El ejemplo más reciente es Pérgamo, que tras 80 años anunció su cierre esta misma semana después de que sus dueñas decidieran vender el local ante los problemas de rentabilidad. El caso de El Aleph es distinto: no hay una imposibilidad económica ligada al alquiler, sino la decisión consciente de un librero de jubilarse tras consagrar su vida profesional al comercio del libro.
Si no aparece un librero que tome el relevo, se cerrará casi un siglo de tradición en este rincón de Madrid. Frontera explica que el edificio fue reconstruido tras la Guerra Civil por los daños sufridos. El primer local que abrió en esa esquina fue una librería religiosa, a la que siguió una papelería-librería cuyas dueñas dedicaron toda su vida al negocio antes de jubilarse y dejarlo libre.
En 1996, Frontera y sus dos socios llegaron a la esquina y "empezamos a crear lo que es ahora la librería actual". Para el librero, esa cadena ininterrumpida de comercios dedicados al libro en el mismo lugar ha sido "una casualidad del destino" por la cual "el local ha estado destinado de alguna manera a la cultura del libro".
El nombre de la librería remite al cuento del escritor Jorge Luis Borges, quien imaginaba en El Aleph una pequeña esfera capaz de contener todos los puntos del universo. Una librería funciona de manera parecida: un pequeño espacio que sirve como punto de encuentro en el que se concentran todas las historias escritas que caben entre sus paredes.
Con el cierre de El Aleph el próximo 28 de diciembre, Madrid perderá uno de esos espacios que, más allá del comercio, representaban un ancla para lectores, escritores y amantes de la cultura en el corazón de la capital.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que el cierre de librerías como El Aleph debería preocupar más a las administraciones públicas de Madrid por su valor cultural?
¿Qué te parece que Manuel Frontera busque un librero que continúe el negocio en lugar de vender el local a cualquier interesado?
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