Activistas despliegan una pancarta contra la guerra en la Puerta del Sol

Activistas despliegan una pancarta contra la guerra en la Puerta del Sol

La organización ecologista Greenpeace ha desplegado este martes una gran pancarta con el mensaje “No a la guerra” en la Puerta del Sol de Madrid, en una acción con la que pretende denunciar la escalada militar en Oriente Medio y reclamar a los líderes internacionales una apuesta decidida por la diplomacia.

La protesta se ha desarrollado en la fachada de uno de los edificios contiguos a la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. En un vídeo difundido por la propia organización en su perfil de Instagram se puede observar a al menos cinco activistas descolgados del inmueble mientras colocan la pancarta sobre la céntrica plaza madrileña.

Con esta acción simbólica, Greenpeace busca trasladar un mensaje a los dirigentes políticos de todo el mundo. Según la organización, las guerras “nunca son la solución” y el momento actual exige apostar por la paz.

El lema elegido recupera el eslogan que movilizó a millones de personas durante las protestas contra la invasión de Irak en 2003. En esta ocasión, la organización lo utiliza para denunciar lo que considera una “grave escalada militar en Oriente Medio” tras el ataque que Estados Unidos e Israel han lanzado contra Irán y que, según afirma, se ha extendido rápidamente por la región.

Greenpeace ha recordado que desde el inicio de la ofensiva, el pasado 28 de febrero, los bombardeos y ataques con misiles han provocado miles de víctimas civiles, entre personas fallecidas, heridas o desplazadas.

Según la organización, los ataques han alcanzado también infraestructuras civiles como escuelas, hospitales y viviendas, lo que agrava aún más la situación humanitaria en la zona.

La directora ejecutiva de Greenpeace España y Portugal, Eva Saldaña, ha asegurado que la organización se opone “firmemente” a la guerra y a la solución militarizada de los conflictos en cualquier parte del mundo.

Saldaña ha defendido que las bombas, las invasiones y las intervenciones armadas no conducen a la paz, sino que generan inestabilidad y multiplican el sufrimiento de la población civil. En su opinión, pensar que nuevas ofensivas militares traerán estabilidad o derechos para el pueblo iraní supone ignorar las lecciones de la historia reciente.

Por ello, la dirigente ecologista ha pedido a los gobiernos del mundo que se opongan a lo que considera un atropello contra el derecho internacional y que recuperen la vía diplomática y el multilateralismo para resolver los conflictos.

Greenpeace también advierte de que el mundo atraviesa una dinámica de creciente militarización en la que, según denuncia, se debilitan los mecanismos multilaterales y se impone una política internacional basada en la fuerza y en intereses geoestratégicos.

La organización ha recordado además que las guerras no solo provocan víctimas humanas, sino que dejan profundas consecuencias medioambientales que pueden prolongarse durante generaciones.

Entre otros efectos, citan la destrucción de bosques y campos de cultivo, la degradación de los suelos, la contaminación de los recursos hídricos y la desaparición de ecosistemas. También alertan de que los conflictos armados contribuyen a agravar la crisis climática y desvían enormes recursos económicos que podrían destinarse a proteger a la población frente a sus impactos.

Para Greenpeace, tanto en los conflictos armados como en la crisis climática la población más vulnerable termina soportando el mayor coste.