La consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, Ana Dávila, ha defendido este jueves en el Pleno de la Asamblea las políticas autonómicas en materia de sinhogarismo, destacando que más de 500 jóvenes de entre 18 y 21 años se han beneficiado en lo que va de año del programa regional dirigido a prevenir que lleguen a vivir en la calle. La iniciativa cuenta con un presupuesto de 4,4 millones de euros y se centra en ofrecer acompañamiento educativo, alojamiento digno y una vía de inserción para jóvenes en riesgo.
La intervención de Dávila ha llegado tras las acusaciones del diputado socialista Santiago Rivero, quien ha calificado de “fracaso” la política social tanto del Gobierno regional como del Ayuntamiento de la capital, poniendo como ejemplo la situación en la Gran Vía madrileña. “Ya sé que me va a decir usted que la culpa es de Pedro Sánchez. Son ustedes previsibles. Pero si no ejecutan los recursos que les da el Estado, ¿para qué los quieren?”, ha lanzado Rivero, reclamando más inversión en plazas de emergencia, mayor apoyo a las entidades sociales y una aplicación efectiva de la Ley de Vivienda.
En su réplica, la consejera ha subrayado que la verdadera política social comienza antes de que una persona termine en la calle, con acciones preventivas y oportunidades reales de integración. Ha recordado que el Servicio de Emergencia Social atendió en 2024 a casi 4.500 personas, gestionando 2.300 plazas de alojamiento, con una ampliación significativa de las plazas destinadas a los meses más duros del año.
Dávila ha aprovechado también para denunciar que el Ingreso Mínimo Vital del Gobierno central solo alcanza al 10% de las personas sin hogar, mientras España encabeza los rankings europeos en pobreza infantil y riesgo de exclusión. “El Gobierno de Sánchez asfixia, empobrece y abandona”, ha sentenciado, acusando al Ejecutivo socialista de ofrecer cifras que maquillan una realidad social cada vez más precaria.
La consejera ha reivindicado el modelo de la Comunidad de Madrid frente a lo que considera una estrategia de confrontación por parte de la izquierda, que en lugar de aportar soluciones, busca generar alarma con fines partidistas.