El programa municipal 'Abierto por Restauración' permite acceder a los andamios de la Fuente de Cibeles para conocer en detalle los trabajos de conservación del monumento histórico madrileño.
La Fuente de Cibeles, que permaneció cubierta por una lona durante las celebraciones del Mundial en Madrid, se muestra ahora en primer plano a través de las visitas a los andamios de su restauración, desde los que el público puede acercarse a la diosa y recorrer más de dos siglos de historia del monumento.
A pocos metros del conjunto pueden apreciarse las juntas de la piedra, las melenas de los leones, las diferencias entre sus mármoles, las primeras pruebas de limpieza y una grieta que desciende desde el hombro de Cibeles hacia el pecho. "Cuando llegas aquí, el impacto es bastante notable y enseguida quieres sacar el móvil o la cámara, porque es una situación que no se va a volver a repetir", explica la historiadora Elena Rosado, guía del programa municipal.
Alrededor de la diosa hay muchos detalles que merecen conocerse en primer plano, como los dos leones que arrastran el carro. Se llaman Hipómenes y Atalanta y su presencia responde a una historia mitológica de amor y castigo.
Atalanta había prometido casarse únicamente con quien consiguiera vencerla en una carrera. Hipómenes aceptó el reto y recibió tres manzanas de oro para distraerla durante la prueba. Mientras ella se detenía a recogerlas, él logró llegar primero. La historia terminó con ambos transformados en leones y condenados a tirar eternamente del carro de Cibeles.
Los leones fueron esculpidos por Roberto Michel en mármol de Montesclaros, procedente de Toledo. La cercanía del andamio permite distinguir el trabajo de las melenas, los músculos y unas pequeñas matas de piedra situadas bajo sus cuerpos, utilizadas como apoyo.
La fuente combina dos variedades de mármol. La diosa, el carro, los leones y la composición original se realizaron con piedra de Montesclaros. Para esculpir la figura principal fue necesario trasladar hasta Madrid un bloque de 1.138 arrobas, que tardó 92 días en llegar a la capital.
Los niños colocados detrás del carro están hechos con mármol de Carrara, más blanco y con un comportamiento diferente frente al agua y los agentes ambientales. Esta diferencia explica que las partes del monumento no presenten exactamente el mismo aspecto ni envejezcan de la misma manera. El mármol de Montesclaros retiene especialmente el polvo transportado hasta Madrid durante los episodios de calima.
Ventura Rodríguez diseñó la Fuente de Cibeles en 1777 dentro del proyecto de embellecimiento del Salón del Prado, junto a las fuentes de Apolo y Neptuno. El monumento no siempre estuvo en el centro de la plaza ni tuvo su orientación actual. A finales del siglo XIX, Cibeles fue trasladada al centro de la plaza, elevada respecto a su posición anterior y girada.
Los dos niños del surtidor posterior llevan más de un siglo integrados en la imagen de Cibeles, pero no formaban parte del diseño original. Fueron incorporados a finales del siglo XIX y obligaron a ampliar la rocalla situada detrás del carro. Antes de su colocación, la fuente contó con un oso y un dragón diseñados por Juan de Villanueva que funcionaban como abrevadero.
Cibeles ha sufrido diferentes daños a lo largo de su trayectoria. Durante la proclamación de la Segunda República, en abril de 1931, la diosa perdió una mano y las llaves que sostenía. Al comienzo de la Guerra Civil sufrió daños en un brazo y en la nariz, mientras que la metralla alcanzó a uno de los leones.
Las celebraciones deportivas añadieron nuevos desperfectos. La diosa perdió una mano en 1994 y volvió a sufrir la desaparición de esa pieza en 2002. Actualmente, el acceso al conjunto durante los festejos está más controlado.
Las visitas 'Abierto por Restauración' siguen la pasarela instalada alrededor del monumento para los trabajos de conservación. Los grupos están formados por 15 personas, acompañadas por un guía y un auxiliar, y el recorrido dura aproximadamente 50 minutos.
Se han programado 176 recorridos y 2.640 plazas gratuitas entre julio y septiembre, con una pausa durante agosto. La restauración se prolongará durante unos cinco meses. Cuando se retiren los andamios, Cibeles volverá a contemplarse desde las aceras y los vehículos que cruzan la plaza.
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