Arroz, pasta, legumbres y aceite, pero también potitos, latas de conservas y turrones, los supermercados han sido testigo este fin de semana de la solidaridad de los madrileños, que han logrado reunir un millón y medio de kilos de alimentos no perecederos para el Banco de Alimentos.
Muchos de los madrileños que han ido este fin de semana a hacer la compra a las tiendas y supermercados de su barrio se han topado en la puerta con un voluntario del Banco de Alimentos identificado con un peto blanco. "Estamos recogiendo alimentos para las personas más necesitadas, ¿quiere colaborar?", informaban, para enumerar a continuación una lista de productos no perecederos.
Aunque algunos clientes no se habían enterado de en qué consistía la 'Gran Recogida', otros, en cambio, no sólo tenían conocimiento de la campaña, sino que se dirigían directamente a los puestos del Banco de Alimentos ubicados en las tiendas para preguntar qué hacía más falta.
En general, el aceite era uno de los productos que más escaseaba en las cajas de donaciones de esta entidad frente a otros mucho más frecuentes como el arroz, las legumbres y la pasta.
En una gran superficie comercial del barrio de Santa Eugenia, en Villa de Vallecas, las tres voluntarias se sorprendían de la solidaridad de la gente, y comentaban cómo en muchas ocasiones las zonas en teoría más desfavorecida son las más generosas.
Allí, a lo largo de la mañana del sábado se lograron recoger en sólo cuatro horas cerca de 2.000 kilos de alimentos, entre los que además de lentejas y garbanzos había latas de conservas, turrones, polvorones, sobres de puré y leche en polvo.
Algunos, ante la duda de si sus donaciones serían aceptadas, lo preguntaban antes de pasar por caja. "¿Esto vale?", se cuestionaba un señor en el mismo centro de Santa Eugenia, potito en mano.
Otros, en cambio, en su entusiasmo por compartir con los más necesitados compraban productos que se salían de los estipulados en la campaña, como pañales o geles de baño, pero que también fueron aceptados.
"Todo es útil", ha comentado Pilar Saura, una de las responsables de la campaña en Madrid que, además, ha colaborado como voluntaria en el centro comercial de Sanchinarro en el que se dio el pistoletazo de salida a la 'Gran recogida' el pasado viernes con la presencia del presidente de la Comunidad, Ignacio González.
Allí en uno de los turnos llegó a haber más de 20 voluntarios (el mínimo era de dos), y en todo el fin de semana se recogieron más de 18.000 kilos, todo un "récord" en palabras de Saura.
En grandes superficies como ésta, igual que en un supermercado del centro comercial Xanadú, el trabajo de los voluntarios fue frenético a lo largo del fin de semana, especialmente en las "horas punta" de compras, como el sábado a mediodía.
Después de pagar los productos que querían donar, los clientes tenían que dirigirse al punto de recogida, donde los voluntarios se encargaban de apuntar en una hoja la cantidad de kilos recibidos por cada grupo de alimentos y, a continuación, los depositaban en cajas o contenedores.
Los había que llegaban con las Bolsas facilitadas por el Banco de Alimentos para hacer una compra aparte; otros dejaban los productos directamente en las mesas, sin ningún tipo de envoltorio; y, en algunos casos, aparecían con carros de supermercado llenos de alimentos para donar.
La Comunidad de Madrid, con un millón y medio de kilos de alimentos no perecederos recogidos, ha sido uno de los lugares más solidarios de España, sólo superado por Barcelona, con dos millones.
Más de 15.000 voluntarios han colaborado con esta campaña en la región madrileña, donde ha habido 870 puntos de donación relacionados con 23 cadenas de supermercados, hipermercados y tiendas.
En Madrid no ha habido ninguna incidencia, a excepción de algunos voluntarios perdidos que tuvieron que llamar por teléfono porque no se acordaban del punto de recogida que se les había asignado.
Entre los voluntarios había casos de familias enteras y, sobre todo, jóvenes y jubilados, como un hombre de Arganda del Rey que sopló emocionado las velas de una tarta de cumpleaños mientras otros madrileños hacían cola para seguir aportando sus granitos de arena.