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Pérez-Maura, memoria de 30 años en los medios

Pérez-Maura, memoria de 30 años en los medios

Que escritores, políticos y periodistas publiquen unas memorias o diarios no es novedad. Pero sí lo es la frecuencia en sus apariciones: solo en los últimos años nos encontramos, por citar algunas, libros de José Antonio Griñán, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Mariano Rajoy, de exdirectores de La Vanguardia y El Mundo o, de la mano de Juan Cruz, sobre Polanco, o los diarios de Valentí Puig y los recuerdos de “Ya sentarás cabeza. Cuando fuimos periodistas” de Ignacio Peyró.

En no pocas ocasiones los mismos hechos controvertidos son abordados por varios de estos libros de manera que el lector puede descubrir versiones muy variadas (un complemento estupendo de estas páginas son las que escribió José Antonio Zarzalejos, por ejemplo, sobre su salida de ABC); muchas veces se ve a las claras quién ha mentido o qué versión parece más convincente. También suelen servir para ver a muchos personajes en zapatillas, en la intimidad de sus casas, sin la lente de corrección de los medios. Ahí descubrimos inesperadas traiciones, ajustes de cuentas y, con frecuencia, la autojustificación de los protagonistas. Quizá por eso este género —que tiene algo de “prensa del corazón culta” y de explicación del mundo en que vivimos— guste tanto.


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Algo de esto encontramos indudablemente en las muy jugosas “Memorias de un periodista. Tres décadas en ABC” (Almuzara, 2021), que Ramón Pérez-Maura (Santander, 1966) escribió a propósito de sus años en esa cabecera. El libro se comenzó a escribir en 2020, año en que dimitió del ABC y cerró su primera gran etapa profesional. Había entrado con 23 años para realizar unas prácticas y desde ese momento se quedó ahí. Los episodios de su vida personal, los matrimonios, la tremenda muerte de su primera mujer (compañera de redacción), el nacimiento de sus hijos... forman parte de estas “Memorias”. Aparecen momentos verdaderamente importantes para un periodista focalizado en política internacional: los atentados del 11 de septiembre y los del 11 de marzo, la caída del muro de Berlín. Conocemos personajes entrañables, de Otto de Habsburgo—de quien publicó una biografía— hasta el expresidente colombiano Andrés Pastrana. Santander, Cartagena de Indias y hasta Candeleda, el pueblo de quien escribe estas líneas. Se cuentan escaramuzas políticas y los hitos de lo que, a juicio de este autor, ha supuesto la perversión del diario.

Pero más allá de todos esos episodios, el libro se convierte en el retrato de una personalidad fascinante. El Pérez-Maura que se dibuja es el de alguien celoso de abrir una intimidad que solo muestra la pata en contadas ocasiones. Encontramos a un conservador racional, a un enamorado de este mundo —de los habanos a Lanzarote o Dominicana—, a un Quijote del honor y la respetabilidad, de la donosura. A un caballero. A un hombre de acción —y todo buen periodista debe serlo— que no lo parece. A un escrupuloso notario de los recuerdos.

El texto demuestra un pensamiento fuerte. Una identidad que se expone de manera clara pero nunca ofensiva o chulesca. Quizá sea la de alguien un poco gruñón. Un pensamiento independiente que no teme los enfrentamientos con su propia familia, contra sus directores, contra empresas poderosas o contra la COPE. Son gestos de un honor que, por poco frecuente, parece antiguo —él mismo lo dice— pero que no es tal. Es infrecuente, como infrecuente lo ha sido siempre, por otro lado. Hay gestos rotundos como donar el dinero que había ganado con sus colaboraciones en un medio, por parecerle que esas habían sido un error. Hay gestos que sí son arcaizantes como escribir cartas (todavía recuerdo mi sorpresa cuando Jiménez Lozano respondió a mi carta con un correo electrónico por ser los “verederos electrónicos” más rápidos). Pero también es un libro humano, tierno a veces: las páginas en las que cuenta la muerte de su primera mujer, las consultas a su madre, el amor por Colombia y su capacidad de hacer amigos en la profesión y no solo “compañeros de cama”. Pérez-Maura no oculta sus simpatías y antipatías, de Carlos Osoro a Rouco, de Giménez Barriocanal o Luis Enríquez al tristemente desaparecido Colmenarejo.

El libro podría entenderse como un ajuste de cuentas. Pero, bien entendido, es más bien el retrato de la lucha entre dos mundos: el de Vocento que entiende que lo conservador no tiene mercado en una sociedad moderna y, por tanto, debe convertirse en un diario social, más atento a las tendencias, sin declaraciones de un pensamiento fuerte —asociado a lo antiguo— y el que hoy encarna un diario como El debate, alineado a lo que tradicionalmente había sido ABC. Solo el tiempo dirá en qué termina esa lucha —cuál de los dos pervive— o si, como es propio de sociedades pluralistas, los dos lo hacen. De momento, quedamos a la espera de más libros de memorias que puedan acompañar la ligereza de las mejores noches de esta primavera.

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