Se acerca un nuevo año y muchos fumadores se plantean el dejar de fumar. Desde parches de nicotina, pasando por la hipnosis hasta una terapia con láser son algunos de los métodos que seguro han llevado a cabo o por lo menos se lo han planteado. La última moda este año ha sido el cigarro electrónico. Un elemento que transforma el líquido con nicotina que contiene en vapor cuando el fumador inhala.
Este verano las calles de las ciudades se han llenado con esta nueva tendencia, que según afirman aquellos que lo utilizan, consumen menos nicotina y es más nocivo para la salud. Pero, ¿realmente sabemos cómo funcionan estos dispositivos?.
Tecnológicamente el cigarro electrónico o e-cigarrillo, que es su nombre de pila, consta de batería y atomizados; este último se refiere al recipiente de cristal o de plástico transparente en donde se almacena el líquido que se transformará en el vapor que absorberá el consumidor desde la boquilla del aparato.
En cuanto a las baterías, existen varios tipos; las más habituales son con intensidades de entre 650 y 900 miliamperios por hora o lo que es equivalente a 600 y 900 caladas, respectivamente. Y en su duración influyen los voltios: a mayor número, más vapor. Otros disponen de una pantalla LED que le informa del nivel de batería pendiente de consumo y la intensidad del 'vapeo' por parte del consumidor.
Sin embargo, en estos últimos meses la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconseja la utilización de este dispositivo, pues además de contener sustancias tóxicas, no ayuda al fumador a superar su dependencia psicológica. Además es importante mencionar que algunos de ellos contienen nicotina, glicol de propileno, una sustancia sintética que absorbe el agua, nitrosaminas, un compuesto cancerígeno y otros productos aún sin identificar.
Además en España, a partir del próximo año, se prohibirá su uso en colegios, zonas educativas, hospitales y centros de salud, administraciones, servicios de atención al ciudadano y transporte público.