Este martes 12 de marzo dará comienzo el Cónclave ('cum clave', con llave) en Roma, el retiro de los cardenales del que saldrá el nombre del nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI el pasado mes de febrero.
Desde primera hora de la mañana, la Domus Sanctae Martha acogerá a los cardenales que tendrán poder de decisión en la elección del Papa. Las distintas habitaciones forman parte de un recinto dentro del espacio de Cónclave después de que así lo decidiera Juan Pablo II. Antes de las 10 de la mañana todas las alcobas deberán estar ocupadas. A partir de esa hora, comenzará la Misa votiva Pro eligendo Papa en la Basílica de San Pedro a la que podrán acudir todos los fieles que los deseen, además del Cuerpo Diplomático.
A partir de la hora de la comida de los cardenales, comenzará la prohibición de contacto con el exterior, siendo el servicio doméstico y la guardia del recinto las principales personas que podrán tender relación con los electores. Después del momento del almuerzo, la Capilla Sixtina será el lugar que acogerá a todos los cardenales. Su nombre se debe al Papa Sixto IV della Rovere, el encargado de su construcción.
A través de una solemne procesión, los distintos cardenales entran por el Portal de Ingreso a la Capilla Sixtina, lugar que acoge el Juicio Universal, el famoso fresco pintado por Miguel Ángel entre 1536 y 1541. Un juramento les llevará a comprometerse a no revelar nada de lo que dentro de ese lugar ocurra y el último cardenal Diáconoco cierra la puerta a todos aquellos que no tengan derecho a estar en la Capilla con la frase "extra omnes".
Es en el momento de la elección cuando sólo aquellos cardenales que no hayan cumplido los 80 años de edad tienen la potestad de votar al nuevo Papa. Aquellos que superen esta edad son personas que acuden al Cónclave con una función espiritual y participan sólo en las primeras fases del proceso de elección. En cuanto al número de electores, éste no puede ser mayor a los 120. En la actualidad, la cifra se sitúa en 115.
Entre los Cardenales electores deben salir tres Escrutadores, tres encargados de recoger los votos de los enfermos, y tres Revisores. El último Cardenal Diácono es el encargado de extraer los 9 nombres de las personas que asumirán estas funciones.
En el comienzo de la votación, la elección del Papa se da como válida cuando se hayan alcanzado los dos tercios de los votos entre los presentes. De ese modo, al ser 115 cardenales los que están presentes, el nuevo papa necesitará un total de 77 votos positivos para ocupar el cargo. Hasta que esa cifra no se cumpla, se deberán seguir realizando distintas votaciones con sus correspondientes escrutinios. En el caso de que se precise una elección entre los dos más votados, ninguno de los dos podrá participar.
Después de cada votación todas las papeletas son juntadas en un hilo. Si la elección no tiene resultados positivos, la boletas son quemadas por lo que saldrá el humo negro que se puede ver desde el exterior. En cambio, cuando la votación es positiva, los papeles también son quemados pero se añade una sustancia a la estufa que permite ese color que da como resultado la fumata blanca.
El voto de los cardenales es secreto desde que fuera instaurado por Gregorio XV en 1621. Era la manera de que las posibles relaciones sociales entre los electores no afectarán en el resultado. Las papeletas de forma rectangular tendrán dos partes. Arriba estará el lema 'Eligo in Summum Pontificem'. Abajo, un espacio en blanco será el lugar en el que los cardenales escribirán a su elegido. En todo momento, su caligrafía deberá estar modificada para evitar que se les reconozca posteriormente.
Cuando todos hayan votado será el momento de llevar la papeleta hasta una urna situada en la Capilla Sixtina, delante de los tres escrutadores y contabilizar los votos. El primer escrutador recoge la papeleta y la abre, se la pasa al segundo que hace lo mismo y es el tercer escrutador quien lee en voz alta el nombre que esté anotado.
Cuando los dos tercios de los votos se han alcanzado, el Cardenal Decano se dirige al que haya sido elegido y le pregunta si está dispuesto a aceptar el cargo. Con una respuesta afirmativa, le pedirá también que le dé el nombre que ha elegido como Sumo Pontífice. Tras ello, el nuevo Papa es llevado a la Sala de las Lágrimas, lugar en el que se quitará la vestimenta de cardenal y se pondrá las ropas papales.
El Cardenal Protodiácono, el primer cardenal en la jerarquía diaconal, es el que sale al balcón de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y pronuncia la frase "Annuntio vobis gaudim magnum. Habemus Papam", ofreciendo al mundo el nombre y apellidos del Cardenal que ha salido elegido y el nombre del Papa. Tras él toma la palabra el nuevo Papa e imparte la bendición "Urbi et orbi".