Un informe de Plan International revela que más del 60% de jóvenes percibe contenido violento y sexual en redes como simple entretenimiento.
Más del 60% de los adolescentes y jóvenes cree que cualquier contenido que ven en redes sociales, incluido el violento o el sexual, sirve simplemente para entretener, según el informe «(Sobre)expuestos online: conocimiento, aceptación y experiencias de violencias digitales en adolescentes y jóvenes» de Plan International, a partir de una encuesta a 1.000 adolescentes y jóvenes de 14 a 21 años de toda España.
El 40% de los entrevistados reconoce ver contenido violento y el 35% contenido sexual o pornográfico, además de contenidos que refuerzan estereotipos de género, como los de «cómo ser un hombre o una mujer de alto valor» (42%). De este modo, el 64% de los jóvenes apunta a los propietarios de las plataformas y el 59% a las empresas de Inteligencia Artificial como responsables de prohibir o regular el contenido perjudicial.
El informe revela que el 80% de los entrevistados opina que nunca debería permitirse la violencia en redes; un 52% pediría vetar siempre el contenido pornográfico; y un 37% prohibiría los contenidos que refuerzan estereotipos de género. Según las expertas consultadas, «estos contenidos resultan "más digeribles" por presentarse como entretenimiento "mainstream", aunque terminan incorporando al imaginario mensajes cada vez más radicales sin que quienes los consumen perciban su conexión con la normalización de la violencia».
El 17% de los jóvenes dice haber vivido violencia digital; alrededor de un 40% ha recibido insultos en redes; y el 32% de las chicas ha recibido proposiciones o comentarios sexuales. Los resultados muestran que la mitad cree que no le va a pasar, incluso el 42% de quienes ya la han sufrido cree que no volverá a ocurrirles. El 60% señala la normalización de la violencia como causa de la violencia digital.
El 70% de los entrevistados la vivió por primera vez entre los 13 y los 17 años, y un 16% con 12 años o menos. Las chicas sufren más las formas de violencia digital sexual: proposiciones y comentarios sexuales, recepción de contenido sexual no deseado y chantajes. El 77% de quienes recibieron contenido sexual no deseado lo mantuvo en secreto por vergüenza, el 38% contó su experiencia a su familia y el 14% denunció a la plataforma.
El 90% usa las redes sociales todos los días y el 80% utiliza la IA a diario. La mitad pasa en torno a tres horas conectada entre semana, el 40% hasta seis horas los fines de semana, y uno de cada cuatro más de diez horas diarias esos días. El 40% de los adolescentes y jóvenes no tiene ninguna norma de uso de sus dispositivos y un 18% se autoimpone alguna. Los límites los ponen las familias (74%) y regulan el cuándo y el dónde. El 20% tiene normas sobre los contenidos a los que accede.
Un 21% cree que dejar de usar las redes mejoraría su salud mental, y un tercio piensa que no tendría ningún efecto. Entre quienes rozan las diez horas diarias, un 24% considera que dejarlas sería incluso peor para su salud mental.
Plan International reclama que la responsabilidad de la protección frente a contenidos perjudiciales y violencia digital recaiga sobre quienes diseñan las plataformas y quienes regulan el entorno digital. La organización pide diseño seguro que respete los derechos de la infancia y la adolescencia y la prohibición de algoritmos que amplifiquen contenidos perjudiciales, junto a sistemas de moderación y verificación de edad robustos y auditables, canales de denuncia accesibles, y educación digital y afectivo-sexual en todas las etapas.
Virginia Saiz, directora general de Plan International en España, ha explicado que «en verano, con más tiempo libre y menos acompañamiento, muchos adolescentes pasan horas consumiendo en piloto automático lo que el algoritmo decide mostrarles, y ese consumo incluye demasiadas veces violencia». A su juicio, es «urgente» aprobar la ley que exija a las plataformas «diseñar espacios digitales seguros que respeten los derechos de niños y adolescentes, garantizar la transparencia algorítmica y controlar los contenidos a los que están expuestos». «Prohibir sin acompañar no protege; educar y regular a la vez es fundamental», ha sentenciado.
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