Las dudas más frecuentes que enfrentan los pacientes que se someten a un trasplante de cabello suelen estar relacionadas a los resultados del tratamiento. Saber si el injerto “ha agarrado” suele ser la principal interrogante.
Aunque acudir a una clínica capilar especializada en el método garantiza la efectividad de los resultados, no podemos olvidar la probabilidad de rechazo que supone las propias reacciones a nivel orgánico frente a cualquier desequilibrio provocado por un agente o acción externa, en este caso, la cirugía.
En este sentido, cobra especial importancia la etapa postoperatoria. El adecuado monitoreo durante la recuperación es lo que permite detectar posibles fallas y actuar en consecuencia.
El trasplante de cabello capilar es un método bastante común en la actualidad, lo que en parte obedece a que hablamos de un procedimiento mínimamente invasivo donde el paciente es su propio donante, dos aspectos que reducen las probabilidades de rechazo.
Aunque la intervención en el tejido subdérmico del cuero cabelludo se realiza sin generar gran impacto en la anatomía, debemos tener presente que se trata de una cirugía, la cual por pequeña que sea, puede desencadenar reacciones orgánicas en la piel. De esta forma, el principal indicio de éxito es la correcta cicatrización.
Como el órgano más extenso del cuerpo, la piel experimenta patrones de recuperación que se manifiestan de forma externa.
Además de cerrarse por completo, no debe existir ningún indicio de procesos infecciosos, tales como enrojecimiento e inflamación del área exacta del implante y/o de las zonas adyacentes.
La evaluación post-injerto determina todo
En este tipo de tratamiento cobra especial relevancia la evaluación postoperatoria. Las clínicas verdaderamente especializadas en el método realizan diferentes estudios médicos que alertan respecto al fracaso.
Generalmente, en este tipo de análisis clínicos se toman en cuenta dos factores determinantes: por un lado la capacidad de adaptación del nuevo folículo y por el otro, el nivel de cicatrización.
De esta forma, las consultas postoperatorias maximizan las probabilidades de éxito. El seguimiento oportuno no sólo permite detectar acertadamente un posible rechazo, sino percibir la presencia de procesos cicatriciales irregulares, en función de diferentes evaluaciones que cuantifican la evolución.
El cuerpo humano tiene la capacidad de detectar agentes o acciones externas y defenderse en consecuencia. Los procedimientos quirúrgicos general una reacción en cadena, particularmente hablando de la piel, sus patrones de recuperación se manifiestan de tres maneras:
Cicatrización
Frente una herida, el organismo inicia de forma natural e inmediata lo que se conoce como hemostasia, a través del cual se activa el mecanismo que detiene los procesos hemorrágicos. En simultáneo, comienza la segregación de elementos cicatriciales.
En conjunto, estos procesos contribuyen a la correcta recomposición de los tejidos de la piel que se rompieron de forma artificial, durante la extracción e injerto de las unidades foliculares.
De acuerdo a esto, cualquier alteración incrementa el riesgo de rechazo. En la mayoría de los casos, la cicatrización se ve comprometida por las propias condiciones orgánicas de cada paciente, es decir, su condición física y médica, la manera de alimentarse y el consumo de algunos fármacos.
Procesos infecciosos
Aun cuando las heridas que supone el método son mínimas, incluso si elegimos la técnica FUSS que se considera la más invasiva, tenemos que asumir que brindan acceso a bacterias y agentes patógenos.
El principal signo de que estos microorganismos se colaron al interior es el enrojecimiento o calor, acompañado de sensación de pinchazos e hinchazón. En casos agudos de infección, es común la secreción de una sustancia amarilla y maloliente.
La correcta higiene y protección reduce el riesgo de desarrollar infecciones tanto del área donante como de la zona receptora.
El médico tratante será el encargado de ofrecer las respectivas indicaciones. Sin embargo, lo regular es el uso tópico de soluciones antisépticas y la adecuada protección contra los agentes externos hasta completar la cicatrización total.
Rechazo del injerto
La principal ventaja de los trasplantes 100% autólogos (el paciente es su propio donante) radica en las mínimas probabilidades de rechazo. Sin embargo, la posibilidad sigue estando presente.
En términos médicos, el rechazo del tratamiento implica como la inadecuada integración del pelo nuevo, lo que normalmente obedece a que el organismo lo percibe como un agente invasor.
Una vez que los folículos insertados se consideran como amenaza, empieza el proceso de defensa que termina en su eliminación. Es importante aclarar que, en la mayoría de las veces, el “rechazo” puede ser reversible siempre que se detecte a tiempo.
Indicios de que tu injerto capilar está dando resultados
Sin importar la técnica elegida, recuperar el crecimiento natural del cabello de forma definitiva, es un proceso largo y tedioso que requiere de mucha paciencia, así como de considerar que estamos de cara a uno de los procedimientos contra la calvicie con mayo tasa de éxito.
Aunque no existe un tiempo exacto, por media, los primeros resultados aparecen entre los 3 a 4 meses después de la cirugía, mientras que los más apreciables, comienzan a ser evidentes una vez que superamos el séptimo mes, cuando el cabello comienza a crecer y se torna más grueso.
La zona trasplantada estará completamente poblada a partir de los 12 meses, el momento en el que diremos el adiós definitivo a los problemas de alopecia.