De toda derrota, por muy inesperada, injusta y estrepitosa que sea, se puede sacar algo positivo. De la de Madrid 2020, emerge la figura del Príncipe de Asturias. Paso con un notable su primer gran reto, el discurso ante la 125ª Asamblea del COI en Buenos Aires.
Dicen mis fuentes bien informadas que Don Felipe no cesó en su empeño por convencer a los privilegiados gerifaltes olímpicos desde que puso el pie derecho en la capital argentina. Su habitación habilitada como despacho era el punto neurálgico del hotel en el que se hospedaba la delegación madrileña, con más ebullición tras la noticia de los 50 votos prometidos de 'El Mundo'.
Con la Casa Real en horas bajas, tanto o más que la clase política, el Heredero de la Corona consiguió emocionar, más que a los miembros del COI, a los votos me remito, a los millones de españoles que siguieron su presentación por televisión.
"Los beneficios del deporte se miden en generaciones no en dólares". "Madrid será un socio de confianza para el COI y para el deporte". "Toda España quiere los Juegos". "Creemos en el olimpismo". El mensaje se transmite más por la actitud, la imagen, que por las palabras. El Príncipe estuvo a la altura. Servidor no esperaba menos.
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