Es difícil ver como el Atlético de Madrid llega al Siglo XXI. El segundo equipo de la capital vivirá su mayor revolución esta verano cuando dejé el Vicente Calderón y ponga rumbo al estadio de La Peineta, el Wanda Metropilitano. A eso hay que añadirle un cambio en su escudo para que el aficionado atlético monte en cólera contra el fútbol moderno.
Los socios se quejan de que no han sido preguntados por estos cambios. Con el reglamento en la mano y con el club en manos de la familia Gil y del grupo Wanda, no tienen porqué hacerlo. El Real Madrid es de sus socios y Florentino Pérez ya ha firmado la remodelación del estadio y el posible cambio de nombre, también, sin consulta al pueblo blanco.
El negocio del fútbol manda. El Atlético se ha visto obligado a salir de su estadio y a construirse uno nuevo. Las deudas han ahogado al club que ahora ve cómo su deuda se va reduciendo y sus vitrinas se siguen llenando de títulos. Eso hay que reconocerlo. Clubes tan prestigiosos como el Arsenal vivieron una sequía larga mientras construían su estadio por no podr fichar.
El nuevo Atlético de Madrid será el de los futuros seguidores, el de los más jóvenes que tendrán que escuchar a sus padres o a sus abuelos quejarse de que este equipo no era el que ellos conocieron. Pasa lo mismo en el Real Madrid y en otros grandes Europa.
Es un mal endémico de los equipos grandes. Cambiar... y odiar al fútbol moderno.
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