En política lo que parece, es. Y en los últimos días, lo que parece es que la imagen del Partido Socialista está resultando abrasada por el "caso Zapatero". Como una premonición, la fachada de la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid aparece cubierta por una lona en uno de cuyos extremos se pude leer el eslogan: "No a la guerra". El legado ético. Pero lo que son las cosas, en frente, cruzando la calle , se encuentra el despacho de José Luis Rodíguez Zapatero en el que presuntamente se cocinaban mordidas y dónde según descubre el sumario el ex presidente guardaba en una caja fuerte un centenar de joyas. ¡Qué imagen¡ Un despacho registrado por orden del juez de la Audiencia Nacional que ha imputado Rodríguez Zapatero por varios presuntos delitos. Entre otros los de tráfico de influencias, pertenencia a organización criminal y falsedad documental. La imagen, como digo, no puede ser más desoladora.
Mientras la organización de la que Zapatero fue secretario general proclamaba ideales de probidad en la vida pública, trascienden indicios de una conducta privada presuntamente delictiva. De resultar acreditada en el juicio que se iniciará el dos de junio, amén de arruinar el mito del dirigente político desprendido que en los mítines predicaba ideales altruistas, arrastrará con él la imagen del partido. Eran mítines en los que, obviando asumir responsabilidades políticas por otros casos de corrupción -Ábalos, Cerdán-, ZP discurseaba junto a Pedro Sánchez con el "No a la guerra" (por la de Irán), tratando de resucitar el rechazo de la parroquia de izquierdas a otra guerra: la de Iraq.
Visto lo visto y leído el contenido del sumario del juez Calama, a quien le habría venido de perlas la lona que cubre la fachada de la sede central del PSOE habría sido al edificio donde se encuentra el despacho que Zapatero utilizaba para sus negocios y para guardar joyas. Como detalle añadido a la crónica del hundimiento cabe añadir que el mencionado despacho había sido una especie de museo en el que se custodiaban recuerdos personales de Pablo Iglesias, el fundador del PSOE. Mientras la lona proclamaba "No a la guerra", enfrente, a decir de lo hallado en el registro, decían sí a la pasta y a los collares de rubíes. Con la imputación de Zapatero, entre otros valores, lo que queda cuestionado es el mito de la pretendida superioridad moral de la izquierda de la que Zapatero era uno de sus iconos. Un gurú a quien sus seguidores disculpaban su abyecta condición de encubridor de los abusos de la dictatura venezolana de Maduro y Delcy Rodríguez. Todo indica que, como poco, la suya es la historia de un impostor. Menuda joya.
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