Tramposo viene de Trump

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Un artículo de Reed Brody ("Atrapar a un dictador", Debate, 2026), publicado en El País, nos alerta sobre los riesgos de cancelación que se ciernen sobre la democracia norteamericana, mientras el país celebra el 250 aniversario de su independencia (4 de julio de 1776).

 Tan feliz motivo histórico inspiró a Donald Trump un discurso cargado de supremacismo donde lo que se dice es mucho menos importante de lo que se sugiere. Entre otras cosas, el cabestro de la Casa Blanca (mis disculpas a los nobles conductores de reses bravas) convierte al resto de países del mundo en meros vasallos de los Estados Unidos.

Trump lo argumenta. Habla del "poder y la fuerza" de su país. El más grande, el más prometedor y el más justo: "Nadie puede ser como nosotros, porque hemos sido, somos y seremos la esperanza, la luz y la gloria entre todas las naciones del mundo". Por eso el poder y la fuerza "no son algo de lo que debamos avergonzarnos".

Es un aviso para navegantes de puertas afuera. Pero también dejó miguitas en su narcisista camino hacia la gloria. Siniestras luces de posición en el camino más oscuro de quien ya ha dicho en todos los idiomas que solo aceptará los resultados de las urnas de noviembre (medio mandato) si el proceso es limpio, honesto y fiable. En el bien entendido que será el quien decida si el proceso ha sido limpio, honesto y fiable.

Son las sombras negras que planean sobre quienes hemos apostado a que esas elecciones frenarán los dislates que está coleccionando Trump, ya detectables en su declinante popularidad, averías en el tejido institucional, el malestar de la sociedad civil, la inflación al alza, los fiascos en política internacional, etc.

En este punto me remito de nuevo al artículo de Reed Brody ("¿Serán limpias las elecciones de noviembre en Estados Unidos?"). Ahí se advierte sobre la venidera tensión entre "una sociedad civil cada vez más movilizada" -escribe- y las maniobras del trumpismo empotrado en las administraciones que se esfuerzan en fabricar ventajas ("construidas de antemano") en el sistema electoral.

El propio Trump, que viene de "tramposo" ha hablado a los suyos de la necesidad de "nacionalizar" el voto, a sabiendas de que el sistema está muy descentralizado y le costará conseguirlo en territorios gobernado por ese Partido Demócrata que, según él, está favoreciendo el retorno de "los comunistas".

En boca de Trump eso no es ni más ni menos disparatado que elogiar la felicidad del pueblo venezolano que, según él, bailaba feliz en las calles después del terremoto. Para estudiar en las escuelas diplomáticas por su finura queda su famoso mensaje a los iraníes: "Abrid el estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno. Alabado sea Alá".


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