¿Por qué les es imposible alzar la mirada?

¿Por qué les es imposible alzar la mirada?

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MADRID 26 Jul.

¿Por qué les cuesta tanto alzar la mirada en lugar de aportar cada uno lo que pueda para solucionar un problema de máxima gravedad, para gobernar pensando en los ciudadanos, para acudir unidos a las emergencias? El espectáculo de los políticos haciendo malas políticas es deleznable. Un delegado del Gobierno en Madrid, con las llamas y el humo devastando pueblos y acercándose sin control a la ciudad se atreve a decir cuando le piden ayuda que "expliquen cuáles son las condiciones y qué es lo que motiva pedir algo así". Y sigue en su cargo. Un ministro pirómano -incendia todo lo que toca- afirma que la culpa es de no dedicar dinero a la prevención y luego pedir que le solucionen el problema, cuando sabe que la razón de fondo no es esa sino una reglamentación y unas prohibiciones que impiden el cuidado de los bosques, y que eso afecta a todas las comunidades autónomas y no sólo a Madrid, el centro de sus críticas y de sus fobias. Y una presidenta de la Comunidad de Madrid y el propio ministro llamándose mamarrachos en lugar de levantar la mirada y trabajar juntos para paliar otra catástrofe natural devastadora. No aprendieron en la pandemia, no aprendieron de la dana y ahora han estado a punto de volver a caer en la misma tragedia de la política actual: no importan los ciudadanos, no importa el bien común, sólo importa quién gana el relato y a quién podemos hundir desde las redes. Martin Wolf, un reconocido analista inglés, dice que "estamos sufriendo estupidez y caos, pero sobreviviremos al caos". A la estupidez, a la soberbia, a la falta de inteligencia es difícil sobrevivir, sobre todo si esas son las armas de los que mandan.

Los ciudadanos pagamos un precio insoportable por la necedad y los prejuicios de políticos que nunca deberían haber llegado a donde están. "Los prejuicios", dice el filósofo Francesc Torralba, "no se tienen, se sufren". Y, aunque tiene razón, los que sufren de verdad los prejuicios de los políticos son los ciudadanos. Poner los prejuicios por delante de la realidad, de las necesidades, de la verdad hace que sean las personas, los administrados los que paguen por las guerras, casi siempre estúpidas, que desatan otros. Cuando deberían estar pensando en qué hacer para reconstruir en la medida de lo posible lo dañado por el fuego, cuando deberían estar trabajando para empezar a valorar los daños y preparar medidas urgentes para paliar la tragedia y las pérdidas que van a llevar a la ruina a miles de personas, se enzarzan en el insulto y en la más dañina de las batallas.

Es cierto que Pedro Sánchez ha pedido un pacto de Estado contra la emergencia climática. Pero antes de eso, habría que analizar las razones que nos han llevado a esta situación. Los expertos las han denunciado. Y no es sólo el clima. Es la dejadez en la prevención, las prohibiciones estúpidas, la despoblación progresiva y el abandono de la España vaciada, el veto a que los pueblos se encarguen de sus montes, la escandalosa falta de medios materiales y personales para sofocar los incendios cuando se despilfarran en cosas innecesarias, el maltrato a los bomberos forestales, la demagogia política. Después de todos eso, si quieren, hablamos de la emergencia climática.

Miles de personas han perdido su hogar, sus recuerdos y su negocio en apenas unas horas. Miles de personas se están jugando la vida para tratar de parar esa catástrofe. Hay gestos que incendian aún más la tragedia y hay otros que son capaces de romper la costra de violencia que sacude nuestra política y nuestras redes. ¿Aprenderán, serán capaces de alzar la mirada en lugar de mirar al suelo para no pisar la mierda que ellos mismos echan cada día? ¿Se lo vamos a seguir tolerando?


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