Cada año por estas fechas me vuelve a la cabeza la frase, probablemente no literal, del alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, aquel 2 de mayo de 1808: "españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla". Y cada año me entretengo en diseccionar los peligros que se van acumulando sobre la Patria, distintos y a veces distantes en cada nueva efeméride. Mi diagnóstico, hoy, es que la Patria puede que esté ante diversos peligros, aunque en conjunto pueda no hallarse en peligro. Por ejemplo:
-Nos encontramos ante un grave conflicto internacional, no contra los franceses, que hace doscientos años eran, para los españoles, el símbolo de un imperio invasor; pero sí contra unos rectores del mundo aquejados de una indudable insania y de los peores sentimientos. Cuando el mundo está regido por locos o genocidas, ¿qué peligro puede no acecharnos a las naciones, individualmente consideradas?
-Claro, sería absurdo trazar cualquier paralelismo entre la España de 1808 atenazada por las tropas napoleónicas, con un Rey como el felón Fernando VII, y la de 2026, en la que está crecientemente asentada la Jefatura del Estado y cuyas principales amenazas residen en las tendencias centrífugas en algunas partes del territorio nacional, con el riesgo de una desvirtuación de la identidad del país.
Yo diría que el sentimiento de esta identidad nacional, el respeto a las leyes básicas y elementos clave para el auge de una democracia, como la separación de poderes o la seguridad jurídica, son cuestiones que hoy están en baja en el aprecio colectivo, diluyendo así inevitablemente algo las esencias de la nación.
-Y, ya que estamos, algo más cabe decir sobre la Constitución. La de 1978 se difumina por la falta de reformas necesarias, siempre aplazadas o incluso negadas por la tradicional falta de voluntad regeneracionista de nuestros representantes; la ilusión con la que fue recibida, en cambio, la de 1812, 'la Pepa', supone un motivo de reflexión comparativa histórica muy seria: un país sin columna vertebral, y la Constitución lo es, está destinado a caminar muy deficientemente, si es que sigue caminando.
-El concepto de patriotismo se halla también en baja. Tanto, que apelar a él se considera casi como algo retrógrado, reaccionario. La nación precisa de horizontes claros, definidos, aunque esa definición se inscriba en las necesidades de adaptarse al Cambio y a los cambios que constantemente nos arrollan. Siempre suelo decir que un país cuyo máximo horizonte temporal se sitúa en adivinar quién ocupará el colchón de La Moncloa en 2027 está abocado al fracaso como Estado.
Claro que no estoy elaborando una lista exhaustiva sobre los riesgos que amenazan en estos momentos a la Patria; simplemente, esbozo una reflexión personal en un día que, como el de hoy, está para mí cargado de profundo significado y de reminiscencias de heroísmos históricos. Aquel 2 de mayo fue, pese a la invasión francesa, a la corrupción de Godoy y a las felonías del soberano, un día de renacimiento de la conciencia nacional, una apuesta por un nuevo futuro. Me gustaría creer que ahora, doscientos dieciocho años después, seríamos capaces de sentir una ilusión colectiva semejante a la de aquellos hombres y mujeres que tanto pelearon por hacer eso, una Patria mejor. Nada más, nada menos.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.