Maroto no entiende lo que vale una familia

Maroto no entiende lo que vale una familia

Reyes Maroto ha vuelto a hablar. Y, como cada vez que lo hace, no ha aportado ni una pizca de decencia ni un gramo de sentido común. Esta vez ha elegido criticar al alcalde de Madrid por no presidir una sesión del Consejo Social, olvidando —o despreciando— que José Luis Martínez-Almeida está a punto de ser padre. ¿Qué hay más humano, más noble, más natural, que un hombre que decide acompañar a su mujer en ese momento trascendental? Para el socialismo, nada. Porque la izquierda ha declarado la guerra a la familia. A la maternidad. A la paternidad. A todo lo que no encaje en su agenda ideológica deconstructiva.

No es nuevo. Es el mismo PSOE que niega el derecho de los padres a educar a sus hijos, que legisla contra el vínculo natural entre padres e hijos, que desprecia la vida y la tradición. ¿Cómo va a entender Maroto que un padre quiera priorizar a su hijo cuando ella y su partido no creen ni en el papel del padre ni en la unidad familiar?

Pero no es solo falta de empatía. Es estrategia. El PSOE está en caída libre, cercado por sus propios escándalos de corrupción y sostenido por pactos inmorales con quienes detestan España. Y cuando la podredumbre llega al cuello, hacen lo único que saben hacer: agitar el fango. Atacar. Gritar. Acusar al adversario de lo que ellos mismos practican a diario. ¿El problema es que Almeida no presida una sesión? No. El problema es que a Reyes Maroto y a sus compañeros se les cae el poder de las manos y necesitan desviar la atención.

Es el mismo guión de siempre: los socialistas, hasta el cuello de corrupción, tratan de tapar con ruido lo que ya huele a podrido. Cerdán, el muñidor de los pactos con Bildu, señalado por la Guardia Civil. Sánchez, como siempre, escondido tras comunicados vacíos y frases huecas. No dimite nadie. No asumen nada. Ni siquiera comparecen. Y mientras tanto, mandan a sus peones —como Maroto— a incendiar los medios con polémicas ridículas para que nadie mire donde hay que mirar.

La izquierda ha perdido el alma. Y no es una frase. Es un hecho. Maroto, con su crítica mezquina, no solo ataca a un alcalde: ataca el derecho de un padre a ser padre. Ataca a miles de madrileños que también intentan conciliar y que ven en Almeida no a un político, sino a alguien que entiende sus prioridades. Lo que para el PSOE es motivo de burla, para cualquier persona con sentido de la responsabilidad es un ejemplo de humanidad.

Pero claro, ¿qué podemos esperar de un partido que trata con reverencia a Bildu, que negocia impunidades con independentistas y que está dirigido por un presidente que vive atrincherado en su palacio de propaganda? ¿Qué puede entender el socialismo actual de sacrificio, de paternidad, de responsabilidad, si ha hecho de la mentira y la manipulación su único método de gobierno?

Maroto no entiende a Almeida porque no entiende la vida. No entiende que hay valores que están por encima del escaño, del micrófono y del titular. Y por eso está donde está: en la irrelevancia moral. Porque para representar a los madrileños hay que conocerlos. Y para conocerlos, hay que compartir sus valores. Valores que el socialismo ha pisoteado una y otra vez.

La izquierda ya no tiene principios, solo intereses. Ya no tiene ideales, solo enemigos. Y ya no tiene pueblo, solo clientelas. Por eso atacan a quien aún se atreve a vivir con coherencia. Porque les recuerda todo lo que ellos han dejado de ser.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.