Juntos, “y si no, no”

Juntos, “y si no, no”

En los últimos 25 años, Madrid ha sido el laboratorio de las políticas neoliberales del PP. El resultado es la región más desigual de Europa; desvertebrada, con el 60% de su territorio, rural y de pequeños municipios, abandonado; un ecosistema de precariedad, inseguridad y atomización social que atraviesa todas las dimensiones de nuestras vidas.

El otro signo característico del Madrid del PP es la utilización a éste como trinchera contra el Gobierno central. Y ello es una metáfora del efecto de desvertebración del territorio a su alrededor: convertida en un paraíso fiscal para rentas altas, con su riqueza inflada por el efecto capitalidad, jóvenes y trabajadores precarios se agolpan en su periferia mientras la España, primero rural y ahora también de ciudades de provincias, envejece y se vacía.

Ahora bien, Madrid no siempre ha sido esto. “Las insurrecciones son tan viejas en España como el gobierno de los favoritos de Palacio contra los cuales han ido habitualmente dirigidas”, escribió Marx. Organizado en juntas, concilios, ayuntamientos o Cortes, el pueblo español siempre ha vigilado a sus gobernantes: a Carlos I las Cortes castellanas advirtieron “Habréis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación”; y los representantes nombraban a los reyes aragoneses supeditándolos al bien común y el interés general: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. El soberano sólo lo es en tanto proteja y garantice la libertad intransferible de su pueblo; “y si no, no”.

Hace hoy más de 200 años, continuando esta tradición, el Dos de Mayo de 1808, el pueblo madrileño salió a la calle. Hace casi 10 años, la plaza del Sol volvió a mostrar esa vitalidad. Hoy, en 2020, Madrid enfrenta un reto formidable. Una pandemia ha dejado miles de muertos y amenaza con una crisis económica de proporciones inmensas.

En 1808, las “mujeres fieras” de Goya salieron a las calles también en Madrid, al frente de un cañón, lanzando macetas o arengando la revuelta: Manuela Malasaña con sus tijeras, Benita Pastrana, que murió "defendiendo el cañón del teniente Ruíz hasta ser herida de muerte", Clara del Rey, luchando junto su marido y tres hijos con los artilleros del Cuartel de Monteleón, María Beano, la niña de doce años Manuela Aramayona... En 1808, campesinos, costureras, artesanos, estudiantes, granujillas, tinajeras se levantaron, con lo que tenían a mano, improvisando, en guerrillas echadas al monte, mimetizados con el propio terreno: escribía Pérez Galdós, “el país en armas, el territorio, la geografía misma batiéndose”.

En 2020, profesionales del sector sanitario y de cuidados, sectores altamente feminizados, hacen ya innegociable que el cuidado de la vida es el centro de nuestra vida social, y como tal tiene que ser defendido y protegido: nunca más recortes en Sanidad pública, nunca más profesionales trabajando en residencias con condiciones de miseria. En 2020, todo Madrid ha tenido que movilizarse contra una pandemia: sanitarios doblando turnos, repartidores y agricultores asegurando el abastecimiento, padres y madres cuidando y teletrabajando a la vez, estudiantes y profesores acabando online el curso escolar, militares desinfectando residencias, cajeros atendiéndonos en los supermercados, voluntarios cosiendo mascarillas, trabajadores acudiendo a sus lugares de trabajo… todos a una, como siempre en las malas, anónimos, sin buscar gloria ni reconocimiento, pero contribuyendo, quizás sin saberlo, a hacer que volvamos a ser el pueblo de Madrid.

Siguiendo ese hilo, Madrid puede llegar a ser una región que cuida y protege, solidaria y orgullosa de su territorio, costumbres e historia, modelo de entendimiento y vertebración con el resto de España. Cómo salgamos de esta crisis determinará si vamos a serlo. De ésta saldremos juntos, “y si no, no”. Contra Napoleón, los madrileños se echaron a la calle; cuando se fue, añade Galdós, siguieron en la calle, “y todavía no han vuelto a casa”. Este Dos de Mayo el pueblo madrileño tiene que pasarlo en casa. Pero, incluso desde casa, lo colectivo perdura. Lo primero que ocurrió en el confinamiento fue la instauración de un rito, los aplausos de las 20:00. Seguramente porque no podemos olvidar que somos, lo que siempre ya hemos sido: una comunidad.

Clara Ramas San Miguel
Diputada de Más Madrid en la Asamblea de Madrid


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