Lo que en ocasiones la política trata de desunir lo consigue unir el fútbol cuando quien juega es la Selección Nacional. Lo prueba la euforia desatada por la victoria ante Francia que nos clasifica para disputar la final del Mundial.
Alegría desbordada de miles de jóvenes que en muchos casos siguieron el partido a través de pantallas instaladas en lugares públicos. Nada consiguió la mezquindad de algún alcalde nacionalista periférico que prohibió la instalación de pantallas gigantes destinadas a seguir la transmisión. El fútbol , cuando se plantea en términos de disputa entre clubes, ámbito en el que se favorecen las pulsiones tribales, va por un carril estrecho pero cuando sube de escala y quien juega es la Selección transmuta el registro emocional y se convierte en metáfora del sentido de pertenencia.
Ante la ausencia de letra en el himno nacional surgen espontáneas improvisaciones al compás del "yo soy español, español..." Son actos de reafirmación de un sentimiento de identidad. En este caso ,la Selección como símbolo de lo común. Lo que une. No es un sentimiento excluyente .La alegría y los cánticos de miles jóvenes expresadas en espontáneas manifestaciones callejeras sobre las que fue informando la televisión resumía la satisfacción de buena parte de los españoles no tan sobrados en los últimos tiempos de buenas noticias.
Ante una victoria como la muy meritoria conseguida por la Selección Española frente al potente equipo de Francia qué, además, lograron en la simbólica noche del 14 de Julio -aniversario de la toma de la Bastilla y Fiesta Nacional de nuestros vecinos- solo cabía aplaudir. Aplaudir el buen juego de nuestros futbolistas, apoyar la serena trayectoria y el sabio hacer del entrenador Luis de La Fuente y esperar a que siga la racha para poder disfrutar de otra victoria ya en la final de un campeonato que España puede volver a ganar. Es mucho lo que ya se ha conseguido: nada menos que unir. Dar sentido pertenencia y reconocer que vivimos en un gran país en el que cabemos todos. No es mal balance.
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