Farruca pide una denominación de origen para el flamenco

Farruca pide una denominación de origen para el flamenco

"Del flamenco que se hace con sudor y alma hay muy poquito, se cuenta con los dedos de la mano", asegura la bailaora Rosario Montoya "La Farruca", hija del mítico Farruco, que pide "respeto" para el flamenco, frente a las "paparruchas" que se ven y que no merecen llevar ese nombre.

"Alguien debería poner freno a esto", considera "La Farruca" en una entrevista en la que apuesta por una especie de "denominación de origen" del flamenco para que no se engañe al público dando ese nombre a algunos espectáculos que no lo son en absoluto.

"¿No hay un juez para poner sentencias y un policía para detener?. Pues si tú dices que vas a ofrecer flamenco al público hay que examinarla para saber que eso es verdad y no estás engañando", afirma la bailaora muy contundente a la hora de defender la profesionalidad de su disciplina.

Una situación que, considera, se vive desde hace diez o doce años y ante la que los veteranos deberían reaccionar.

Por eso no acude a ningún espectáculo: "no voy a ver nada, nada. Hay mucho engaño en el flamenco y eso me daña mucho", ha explicado "La Farruca" en la presentación del "Homenaje a los grandes" que, junto a su hijo "El carpeta" pondrá en escena en el teatro Fernán Gómez de Madrid los próximos 27, 28 y 29 de diciembre.

Un homenaje con el que quiere recordar "y no imitar" a grandes del flamenco como Carmen Amaya, Lola Flores, Manolo Caracol, Camarón, Arturo Pavón, La Perla... y, por supuesto, a su padre Farruco, con una soleá con la que cierra el espectáculo.

"Es un recuerdo a muchos de los grandes artistas de los que hemos bebido todos, queriendo y sin querer", explica la bailaora que se remonta a sus inicios en los escenarios de la mano de su padre cuando tenía 13 años.

"Tuve suerte porque subí a los escenarios con mi padre, que era un figura", indica La Farruca que define el flamenco como algo "que no tiene fin", ya que ella aprende de sus hijos y ellos de su madre de tal forma que los nietos de Farruco "no se están amanerando ni desviándose del camino que les puso el maestro. Y si lo hicieran, aquí estoy yo", les advierte.

Y es que la bailaora considera que el flamenco es muy difícil, incluso para ella que lleva "toda una vida" dedicada a ello y por eso le indigna que haya espectáculos que se denominen así cuando "es mentira": "Salen desnudas al escenario, ¿eso es flamenco o es un striptease"?."¿Qué tiene la bienal de flamenca? , se pregunta "La Farruca".

"El flamenco tiene muchos números, escalones, ansias, fatigas y dolor. No es el tiqui-taca" que se ve en muchos espectáculos. Y por eso, dice, para no sufrir, se queda en casa porque "ojos que no ven, corazón que no siente", y se dedica a ver vídeos de su padre y de su hijo, para alimentarse.

Por esta situación y porque le decepcionaban muchas cosas, "La Farruca" estuvo dispuesta a retirarse, algo que dice que no sabe si hará, ya que está muy ilusionada con este espectáculo y con que se vea en Madrid.

Con los años, el baile de Rosario Montoya se ha hecho, si cabe, más improvisación y temperamento, en el que ha ido incorporando las desgracias que ha ido sufriendo en su vida y que el público "lee" en sus movimientos.

"Las vivencias, las penas te hacen ir sintiendo de otra forma y lo expresas en el flamenco", recalca la bailaora que explica cómo, así, su espectáculo nunca es el mismo y varía cada noche.

El hecho de que no baile nunca igual hace que no pueda tener pareja en el escenario ya que lía a todo el mundo, confiesa riéndose.

Y no se cansa del espectáculo "Homenaje a los grandes", en el que baila por alegrías zapateando junto al "Carpeta" rememorando a Carmen Amaya; o canta una zambra (compuesta por su hijo Farruquito) junto a Pedro Heredia evocando a Lola Flores y Manolo Caracol; o con su palo más aplaudido, la soleá, rinde tributo a su padre.