David Martín de los Santos (Madrid, 1973) rinde homenaje a las mujeres españolas nacidas en posguerra a través de un viaje liberador y luminoso en su opera prima, "La vida era eso", una de las cuatro finalistas al Goya a mejor dirección novel de este año y estreno destacado en cines esta semana.
Un encuentro inesperado en una habitación de un hospital en Bélgica entre dos mujeres españolas y emigrantes, separadas por un abismo generacional, es el punto de partida de ese viaje que emprenderá la protagonista, María, una mujer en la setentena interpretada por Petra Martínez.
Martínez ha conseguido, a sus 77 años, su primera nominación al Goya a mejor actriz por este trabajo, que se presentó por primera vez en el Festival de Cine Europeo de Sevilla del año pasado y cuyo estreno en cines se ha visto retrasado un año a causa de la pandemia.
La semilla original del filme es una experiencia personal de su director, curtido en documentales y cortos de ficción.
"A mis padres les diagnosticaron una enfermedad terminal a los dos en la misma semana, mi madre decidió morir en casa, la película es un intento de trascender la muerte y la enfermedad con una mirada positiva y natural", ha señalado el cineasta.
María/Martínez representa a todas esas mujeres educadas "para ser ángeles del hogar, subordinando sus deseos para cuidar a los demás", en palabras de Martín de los Santos. Emigró a Bélgica en los 60 y lleva 48 años casada con el mismo hombre y dedicada a su familia.
Durante su estancia en el hospital, donde se recupera de una crisis cardíaca, se cruza con Verónica (Anna Castillo), una joven española que acaba de llegar a Bélgica y trabaja como temporera, aunque su vocación es la fotografía. Su energía hace que a María se le despierte la curiosidad por la vida y el erotismo que permanecían dormidos.
"Ese viaje que hace María -se va a Almería al salir del hospital con una misión- es como un rito de paso que no pudieron vivir muchas mujeres de esa generación -explica el director- que tiene ver con descubrir su identidad, el erotismo y la sexualidad de una manera natural, sin culpa".
Además de las conversaciones que mantuvo con su madre, De los Santos entrevistó a otras mujeres pero se encontró con que era muy difícil hablar para ellas, por pudor. "Me ayudó muchísimo un trabajo de una amiga antropóloga sobre la sexualidad de las mujeres de entre 60 y 80 años de Castilla La Mancha", apunta.
Al confrontar a dos generaciones, la película propone además una reflexión sobre los valores que representa cada una. La más joven es más libre, pero también más desarraigada.
"En poco tiempo las cosas han cambiado a una velocidad increíble, quería reflexionar sobre eso", señala, "frente a los valores más sólidos de familia, trabajo, pareja, amistad, esta chica joven que representa lo que Zygmunt Bauman ha llamado modernidad líquida".
"Tenemos que decidir con qué nos quedamos y de qué nos liberamos", añade.
Sobre la elección de las actrices, de Anna Castillo subraya que le convenció su actuación en "El olivo" (2016) de Icíar Bollaín por la que ganó el Goya a mejor actriz revelación.
Con Petra Martínez lo tenía clarísimo desde el principio. "Tiene esa energía de estar muy en la realidad y a la vez la inocencia para descubrir las cosas", explica. Y aunque esta le dio "calabazas" la primera vez, en cuanto se conocieron le dijo que sí.
Martínez reconoció al recibir la nominación al Goya para este año que ha sido un trabajo muy especial, sobre todo porque es muy infrecuente a su edad encontrarse con un papel protagonista "con tantos matices y tan bonito".
El reparto principal lo completan Ramón Barea, el actor rumano Florin Piersic Jr y Daniel Morilla.