Rosalía reunió este lunes a más de 15.600 personas en el Movistar Arena de Madrid en el primero de sus conciertos en la capital, un espectáculo de casi dos horas en el que combinó tecno, ballet, referencias religiosas y una escenografía cambiante para construir una experiencia visual y musical de gran formato. La artista catalana apostó por una propuesta dividida en cuatro actos y buscó en varios momentos la cercanía con los asistentes.
La cantante llegó a Madrid después de haber suspendido el pasado 26 de marzo su concierto de Milán por una intoxicación alimentaria. Durante aquella actuación interrumpida explicó que había estado vomitando en el camerino y que no podía ofrecer el espectáculo que quería. En la cita madrileña aseguró encontrarse mucho mejor y agradeció al público su presencia.
El montaje fue transformándose a lo largo de la noche al ritmo de los distintos bloques del concierto. El escenario pasó de una caja de muñecas inicial a una recreación del Museo del Louvre y de la sala de ‘La Gioconda’, en una sucesión de imágenes pensadas para reforzar el tono teatral del recital.
Rosalía abrió la noche con ‘Sexo, violencia y llantas’ y ‘Reliquia’, igual que en su disco ‘Lux’. Lo hizo vestida con tutú y zapatillas de punta rosas, en una primera parte marcada por la estética del ballet clásico y por canciones de tono más delicado como ‘Divinize’.
El espectáculo estuvo atravesado por una simbología religiosa constante. Esa presencia se dejó ver en elementos como el velo de ‘Mio Cristo piange diamanti’, el foso de la orquesta en forma de cruz latina o un gran botafumeiro de luz y humo suspendido sobre el centro del escenario. Todo ello contribuyó a dar unidad visual a una actuación concebida casi como una ceremonia escénica.
El momento de mayor cercanía con el público llegó cuando la artista se rodeó de asistentes convertidos en supuestos visitantes del Louvre para interpretar ‘Can’t take my eyes off you’ caracterizada como la Mona Lisa. También formó parte de esa ruptura de la distancia el confesionario instalado sobre Las Tablas, del que participó la youtuber Soyunapringada antes de que sonara ‘Perla’.
La segunda parte del concierto dejó atrás la estética del ballet y se adentró en una línea más sensual y provocadora. Rosalía interpretó ‘Saoko’ con un vestuario que incluía una peluca inspirada en María Antonieta y un culotte rosa fucsia, en uno de los pasajes más llamativos de la noche.
Tras el tramo más electrónico y cercano a la rave, el recital giró hacia un tercer acto más vinculado a lo flamenco con ‘El redentor’. En esa parte estuvo acompañada por las palmas y los cajones de Macarines, colaboradores habituales de la artista desde la etapa de ‘Los Ángeles’.
En ‘Sauvignon blanc’, Rosalía brindó con una copa de vino blanco sentada sobre un piano y bromeó con el público a partir de la letra de la canción. La artista mantuvo durante toda la noche un tono cercano con los asistentes y respondió en varias ocasiones a gritos llegados desde la pista.
La recta final del concierto llegó con ‘Focu ’ranni’, tema con el que desapareció tras unas escaleras, y con ‘Magnolias’, elegida para cerrar la actuación. Rosalía se despidió pidiendo al público que protegiera su nombre en su ausencia antes de abandonar el escenario con una imagen final pensada para reforzar el tono casi místico que recorrió toda la noche.