Wagner tenía 21 años cuando escribió "La prohibición de amar", su segunda ópera y un total fracaso. Procuró que se "olvidara", aunque el Teatro Real ha recuperado lo que el músico definió como "pecado de juventud" en una coproducción con la Royal Opera House de Londres y el Teatro Colón de Buenos Aires.
Bajo la dirección musical de Ivor Bolton y con Kasper Holten como director de escena, el coliseo acogerá nueve funciones del 19 de febrero al 5 de marzo, en una versión que se ha reducido de las 4 horas originales a dos horas y media, sólo eliminando repeticiones que "sin duda él habría recortado, porque la ópera no está acabada", ha apuntado el director artístico del Real, Joan Matabosch.
Un Wagner ya megalómano pese a su juventud adaptó "Medida por medida", de Shakespeare, obra rara vez representada entonces por considerarse inmoral, pero trasladó la trama de Viena a Sicilia y convirtió el texto en "una crítica absoluta del puritanismo alemán", ha expuesto hoy Holten.
El villano Friedrich (Christopher Maltman y Leigh Melrose) es alemán y no sólo prohíbe los carnavales en Palermo, sino que detiene a todo aquel que demuestre afecto en público porque atenta con la moralidad. Construye así "una crítica hilarante al puritanismo alemán y un elogio del hedonismo meridional" en esta "rareza en el catálogo de Wagner que va a dejar a mucha gente boquiabierta", ha prometido Matabosh.
En la música hay influencias francesas e italianas, pero también del romanticismo alemán, en palabras de Bolton, "una amalgama de influencias porque Wagner estaba creando su propia voz" y que devino en "una gran ópera, con un gran coro, una gran historia y que requiere mucho virtuosismo de la orquesta".
Para Holten, quien ha subrayado que es la primera vez que la Royal Opera House permite que una coproducción se estrene fuera de Londres, se trata de una ópera "maravillosa y divertida" que retrata "perfectamente las relaciones sociales", denuncia "la hipocresía de los líderes políticos que dicen a los demás cómo vivir en unos valores que ellos no se aplican" y refleja "la tensión entre el Norte y el Sur de Europa, tan actual como ahora".
Por ello, el danés ha pedido a los gobiernos europeos que se queden con ese mensaje: el de la necesaria unión de sus países. "No debemos invertir en ser como China o como Estados Unidos. Somos Europa, tenemos que defender nuestra identidad", ha defendido.
El director de ópera de la Royal Opera House ha creado un escenario "intemporal", que podría remitir al siglo XIX pero en el que los personajes utilizan teléfonos móviles, con pequeñas habitaciones que reproducen el convento en el que viven Isabella (Manuel Uhl y Sonja Gornik) y Mariana (María Miró) y el barrio rojo de Palermo, además de varias escaleras que permiten los cambios y equívocos de la trama.
El Real y TVE grabarán la ópera para su edición en DVD y su distribución internacional para televisión, y el coliseo ha programado una serie de actividades paralelas como conciertos y la exhibición en la Filmoteca Española de películas basadas en obras de Shakespeare, de cuya muerte se cumple este año el cuarto centenario.