Qué diferentes pintaban las cosas para Ainhoa Arteta hace solo unos meses, pero en qué pocos meses ha logrado la soprano vasca darle la vuelta a un destino aciago y, en su "casa" del Teatro de La Zarzuela, protagonizar esta noche una vuelta a los escenarios que tiene mucho de gesta heroica.
Resplandeciente en un vestido de color perla, ante su irrupción en el escenario pasadas las 20 horas ha tenido que respirar varias veces con los ojos cerrados para no ceder a la emoción lacrimal entre los aplausos vívidos del público, parte de él en pie.
Arteta debiera haber sido la protagonista el pasado 30 de diciembre del último Concierto de Navidad de este espacio en el que tantas noches especiales ha vivido y, solo unas semanas después, haber participado en el reparto de "Entre Sevilla y Triana" de Pablo Sorozábal.
Sin embargo, el pasado verano un cólico nefrítico la condujo al hospital, a un fallo multiorgánico y a una larga convalecencia médica en la que llegó a estar seis días en coma inducido. De él se despertó con el cuerpo y la voz tocados, por lo que debió volver a someterse a intervenciones y a previsión de al menos medio año para regresar a la actividad.
Aún en recuperación, a las puertas de este mismo teatro se encontró hace unas semanas con su director, Daniel Bianco, quien le hizo prometer: "El día que vuelvas, que sea aquí". La de Tolosa cumplió y lo hizo en un tiempo récord.
Para ello, ha ideado una velada de aproximadamente hora y media junto a su gran amigo el tenor Ramón Vargas, para nada un secundario, sino una estrella que ha brillado tanto como la española, ante la expuesta desnudez del único acompañamiento del piano del maestro Javier Carmena para interpretar canciones de la tradición española, italiana, mexicana y sudamericana.
A este primer bloque pertenecían "Azulão" (1944) y "Modinha" (1945) del brasileño Jayme Ovalle, con letra de Manoel Bandeira, que han sido las primeras en sonar con un bellísimo fiato final "suplicándote amor".
"Gracias por estar aquí, por todo este apoyo y este amor cuando he entrado", ha dicho la protagonista tras abordar, expresiva como siempre en su interpretación, "La rosa y el sauce" de Carlos Gustavino, con letra de Francisco Silva.
En el repertorio ha habido tiempo además para disfrutar de sus raíces populares con "Cuatro canciones vascas" de Félix Lavilla, así como de un momento muy emotivo dedicado a su gran amigo y gran compositor Antón García Abril, fallecido el pasado año.
Decía hace solo unos días que siempre que lo canta, mira para arriba en su búsqueda, y así ha sido en uno de los momentos más emotivos para ella y para el público. Del turolense ha sonado "Tríptico" (1974), con "Agua me daba a mí", la hipnótica "A pie van mis suspiros" y "No por amor", a partir de textos de Antonio Gala.
"Sin Ramón Vargas yo no estaría hoy aquí", ha dicho, al justificar la presencia en este retorno suyo a los escenarios de su compañero, quien ha recordado a su vez en loa al esfuerzo de la soprano que el éxito también está en los baches superados, "cuando tú te caes y te levantas".
Entre numerosos "bravos", él ha sido el encargado de incorporar a la velada un segmento de canción italiana, con piezas como "Non t'amo più" (1985) de Francesco Paolo Tosti, otro napolitano, en el que por ejemplo ha sonado el famoso "Parlami d'amore, Mariú" (1932) de Cesar Andrea Bixio y, claro, también de música mexicana, muy celebrada.
Agustín Lara ("Amor de mis amores", 1934) o Armando Manzanero ("Somos novios" y "Esta tarde vi llover", de 1968 y 1967, respectivamente) han brillado así entre las paredes del Teatro de la Zarzuela, justo antes del gran colofón de Arteta dedicado a Manuel de Falla, con un vestido de Emilio Salinas con una espectacular falda encarnada.
En ese clímax han llegado las seguidillas murcianas, jotas y nanas de sus "Siete canciones populares españolas" (1914), con textos de tradición popular como "El paño moruno", para ponerle el punto final con varios minutos de aplausos y vítores a este concierto histórico y muy sentimental para la soprano española.