Cáritas Madrid ha presentado su último Informe FOESSA, en el que denuncia que las situaciones de exclusión social no han experimentado mejoras desde el año 2018, a pesar del crecimiento económico y del empleo en la región. Víctor Rodríguez, responsable del Departamento de Transformación e Innovación de la entidad, ha advertido de que Madrid, aunque registra una proporción general de exclusión inferior a la media nacional, concentra niveles más altos de exclusión severa, con un 9,9 % frente al 8,8 % del conjunto del país.
Entre las causas más determinantes, el informe apunta al elevado coste de vida en la capital, donde los precios de la vivienda y otros bienes esenciales superan en un 20 % la media nacional. Esta situación afecta de forma directa a los trabajadores con salarios bajos, que no logran cubrir sus necesidades básicas ni acceder a una vivienda digna, viéndose en muchos casos obligados a vivir en condiciones de hacinamiento. Esta precariedad habitacional, alerta Cáritas, conlleva un grave deterioro de la salud física y mental, imposibilitando una vida normalizada.
Rodríguez ha señalado que la exclusión no se limita a zonas concretas, sino que está presente en todos los distritos de Madrid, aunque con mayor intensidad en los barrios del Este y Sur. Estas diferencias territoriales están marcadas por la brecha de ingresos entre zonas, lo que se traduce en una desigualdad estructural que condiciona el futuro de miles de personas. El lugar de nacimiento determina en gran medida las oportunidades educativas y laborales, consolidando un sistema de estratificación que perpetúa la exclusión.
El informe subraya también la creciente problemática de la soledad, que afecta de manera distinta según la edad. En los mayores, se asocia a la pérdida de movilidad, mientras que entre los más jóvenes responde a relaciones sociales mediadas por pantallas y falta de contacto real. En el caso de los niños, la soledad viene determinada por la ausencia de los padres, absorbidos por horarios laborales extensos y largos desplazamientos, lo que deja a los menores expuestos a un uso excesivo de dispositivos electrónicos y a contenidos nocivos.
Las desigualdades afectan especialmente a los colectivos más vulnerables: la infancia, las personas migrantes y los hogares monoparentales encabezados por mujeres. Cáritas denuncia que la pobreza no solo se manifiesta en lo económico, sino que supone una barrera para acceder a oportunidades fundamentales como la educación superior. La transmisión intergeneracional de la exclusión se convierte así en un círculo vicioso difícil de romper sin políticas efectivas que sitúen la dignidad de la persona en el centro de la acción pública.