El desperdicio alimentario en España ha descendido en 2024 un 4,4 % respecto al año anterior, situándose en 1.125,23 millones de kilogramos o litros de alimentos y bebidas, lo que supone el dato más bajo registrado desde 2020.
Así lo refleja el último informe publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que evidencia una mejora sostenida en los hábitos de consumo de los españoles, con una caída acumulada del 19,6 % en los últimos cuatro años.
Esta evolución positiva se traduce en 51,54 millones de kilos o litros menos desperdiciados que en 2023. La tasa de desperdicio se ha reducido hasta el 3,7 %, frente al 3,8 % del ejercicio anterior. En términos individuales, cada ciudadano ha tirado de media 24,38 kilos o litros al año, una cifra que también mejora respecto al periodo anterior.
El informe constata que el 97,5 % del total del desperdicio alimentario se produce dentro de los hogares, que en 2024 desecharon 1.097 millones de kilos o litros. No obstante, se observa una mejora relevante: los hogares españoles han logrado reducir en 48,9 millones de kilos o litros el volumen desperdiciado respecto a 2023.
De los productos desperdiciados en el hogar, un 77,6 % fueron alimentos comprados sin utilizar, como frutas, verduras, pan, lácteos o leche líquida. Los productos hortofrutícolas representan el 46,2 % del total desechado en esta categoría. El 22,4 % restante corresponde a recetas preparadas, entre las que destacan ensaladas, platos con legumbres, cremas y pastas.
También se ha registrado un descenso significativo en el desperdicio fuera del hogar, con una caída del 8,8 % respecto a 2023. En total, se desecharon 28,03 millones de kilos o litros en restaurantes, cafeterías y otros entornos de consumo, lo que representa apenas el 2,5 % del total nacional. El desperdicio per cápita fuera del hogar se sitúa en 0,79 kilos o litros por persona al año.
Según el informe, este descenso sostenido en el desperdicio alimentario se explica por varios factores: una mayor percepción del valor de los alimentos, derivada del encarecimiento generalizado; el aumento del teletrabajo, que fomenta el uso del táper; y una planificación más consciente de las compras y menús semanales. También se destaca la influencia positiva de la nueva Ley 1/2025 de prevención de pérdidas y desperdicio alimentario, que fija una hoja de ruta nacional alineada con los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030.
Esta normativa promueve la sensibilización, la formación en consumo responsable, el reaprovechamiento de alimentos y la adaptación de la cadena alimentaria para reducir pérdidas desde el origen hasta el consumidor final. Bajo el lema “Aquí no se tira nada”, el Ministerio de Agricultura insiste en que cada kilo o litro salvado del cubo de basura representa un triunfo colectivo que implica a toda la cadena agroalimentaria.