El arte homenajea a la ciencia, en la sede del CSIC en Madrid

El arte homenajea a la ciencia, en la sede del CSIC en Madrid

La sede central del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid acoge la exposición "Leonardo, un homenaje del arte a la ciencia", en la que diez jóvenes artistas españoles reflexionan sobre distintos aspectos relacionados con la ciencia.

La muestra, que consta de doce piezas de artistas de la Twin Gallery, estará abierta al público en la sede principal del CSIC (calle Serrano, 117) hasta el 5 de noviembre.

La intención "es acercar a la sociedad, a cualquiera que se adentre en nuestro campus, piezas de arte contemporáneo que, en este caso, beben de la ciencia y su modo de percibir la naturaleza", explica el presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo.

"Leonardo Da Vinci fue un ejemplo de que arte y ciencia van de la mano, se tocan", agrega, y de ahí el nombre de la exposición.

Rocío de la Serna, miembro de la galería y una de las comisarias de la muestra, ha explicado que "todo salió de una sola idea: aunar ciencia y arte, y para ello pedimos a los artistas que hicieran obras que relacionaran estos dos mundos tan distantes".

Las doce obras escogidas para la muestra se articulan en torno a ocho áreas científicas: desde las ciencias humanas y sociales hasta la ciencia y tecnología de alimentos, pasando por la biología, la biomedicina, la física, la química, los materiales, los recursos naturales o las ciencias agrarias.

Así, en formatos artísticos tan diferentes como la escultura, la pintura, las instalaciones o la fotografía y el vídeo, sus autores tratan temas como la inmigración, en la que un pedazo de alabastro cincelado por Franquelo Giner y bautizado como "Twisted Gurugú", habla de las "personas que pierden la vida en este drama", explica la comisaria.

"Un miligramo", del mismo autor, en referencia al proyecto del CSIC Cajal Blue Brain, pretende "rendir homenaje a La Vanguardia de lo ínfimo a través de una cartografía de las células nerviosas de un mosquito".

La obra de Rosalía Banet, representada en dos montañas de gran formato pintadas con los colores de algunos raticidas, representa el paisaje tóxico en que se han convertido muchos hábitats del planeta.

El ingeniero topógrafo y artista Salim Malla, participa en la muestra con "Imagine", un péndulo caótico (ningún algoritmo puede predecir sus movimientos) alimentado con agua e inspirado "en uno que vi en una iglesia de Bristol (Reino Unido) y que utilizaban para explicar la existencia de Dios".

"Me pareció muy curioso que la Iglesia recurriera a un concepto científico como la teoría del caos para explicar la existencia de un ser sobrenatural", ha relatado Malla.

"Hexágonos", de Gema Álava, está en el suelo. "Es un obra hecha con oro de 24 kilates que terminará cuando las pisadas lo borren. De la misma manera que pisamos este oro, diariamente pisamos otras cosas igualmente valiosas. Es una alegoría de cómo echamos a perder aspectos tan importantes como la ciencia o el arte", ha dicho a Efe.

"Rock me baby, Maputo", obra de Javier Chozas, invita a reflexionar sobre la necesidad de buscar la sostenibilidad en la explotación de los recursos naturales, y "simboliza una gran amalgama de desperdicios de bonitos colores que acabarán el mayor vertedero del planeta del que los niños intentarán sacar provecho", ha explicado.