El rastrillo que construye segundas oportunidades

El rastrillo que construye segundas oportunidades

Moda, muebles, complementos, libros, joyas o antigüedades. Todo esto se encuentra el visitante al llegar al tradicional rastrillo benéfico Nuevo Futuro, una buena opción para comprar esos regalos navideños que a última hora siempre se olvidan y colaborar con buena causa al mismo tiempo.

Con la presente ya son 47 ediciones las que este bazar no Falla a su cita con Madrid, donde permanecerá hasta el próximo día 29 para recaudar fondos para los hogares en los que la asociación Nuevo Futuro atiende a niños sin un ambiente familiar adecuado.

"Llevamos 47 años trabajando con menores tutelados por la administración, que son niños a los que les han retirado a sus padres por abuso, maltrato, alcoholismo o drogadicción", explica Miriam Poole, directora de la asociación Nuevo Futuro.

Estos niños, como ha señalado, se encuentran en pisos de acogida de la propia asociación bajo la tutela de educadores que "les ayudan a integrarse en un futuro en la vida para no repetir la historia de fracaso de sus padres".

Precisamente para ellos, para que tengan una nueva oportunidad, se destina la recaudación de lo que se venda en los 76 puestos que este año hay repartidos por el Pabellón de Cristal de la madrileña Casa de Campo, hasta donde familias y curiosos se han acercado para aprovechar la jornada festiva y el buen tiempo.

"Lo oí ayer y dije, vamos a verlo, porque ya estuvimos el año pasado y está bien", confiesa María Alameda, al lado de su marido, quien entre risas advierte de que a él "le han arrastrado".

Pese a ello, la hora del vermú estaba cerca y ambos ya le habían echado el ojo a uno de los restaurantes del mercadillo para refrescarse después de una mañana en busca de gangas bastante provechosas, a tenor de lo que comenta Alameda.

"Le he comprado un poncho a mi nieta y yo también me he comprado una pulserita", enumera esta mujer, quien sabe que, además de para darse un capricho, esas compras son "una manera de ayudar".

Detrás de uno de estos puestos, un poco más allá de María y su marido, la diseñadora Titina Meyer también ha decidido sumarse a la buena causa y arrimar el hombro.

"No nos importa madrugar, para mi lo más importante son los niños", dice Meyer, quien para conseguir fondos para ellos, ha preparado un puesto en el que, como subraya, "hay de todo".

"Tenemos sombreros, collares, también belenes, árboles de navidad, tenemos de todo", relata la diseñadora, quien advierte de que muchos de los visitantes aprovechan la visita al rastrillo para realizar algunas compras de Navidad, aunque aún se note algo la crisis en los bolsillos.

Como ella percibe detrás del mostrador, "todo el mundo está un poquito así con lo de la crisis, pero aquí no se mira, con tal de ayudar a los niños la gente es buenísima y aunque no tenga que comprar, siempre compra algo".

Y parece que, después de comprar, el hambre aprieta y muchos estómagos rugen, como bien sabe Olga Navarro, una de las cocineras del restaurante La Cibeles.

"La gente cuando pasa por allí y ve cómo huele, se sienta", confirma graciosa Navarro, que rápidamente termina su descanso y regresa a los fogones porque la hora de comer ya está cerca y todos los que han pasado la mañana comprando tendrán que reponer fuerzas antes de seguir buscando gangas.

"Hay mucho ambiente de novedad, se puede encontrar de todo, auténticos chollos y cosas muy difíciles de ver en otros sitios", destaca Poole, quien también subraya que hay gente que durante "todo el año" selecciona los productos que van a llevar al rastrillo para sorprender, vender y, por supuesto, conseguir dinero para ponérselo algo más fácil a niños que han pasado una infancia difícil.

Enrique Delgado Sanz